Carta a mis hijos: Por qué digo “no” a la electrónica

El siguiente artículo no es mío. Es de una maravillosa escritora que se llama Renee Robinson y cuyos escritos os invito a seguir. Comparto al 100% las palabras de este artículo y por eso lo comparto con vosotros, esperando que sea una bendición para vuestra vida como lo ha sido para la mía.

No quisiera que se malinterprete este atículo. Ni la autora ni yo estamos en contra del uso de aparatos electrónicos. Sé que bien utilizados son una buena herramienta de aprendizaje y diversión (una herramienta; no la única como a veces parece). Pero nos rebelamos contra el uso indiscriminado que se hace de ellos, utilizándolos tanto en casa como fuera de ella con el objetivo de mantener a los niños quietos y callados, haciendo así nuestra vida tristemente “más fácil”, y sin pensar en el mensaje que estamos transmitiendo a nuestros hijos.

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photo credit: dcosand via photopin cc

Queridos hijos:

¿Recordáis el día que fuimos a la farmacia y la señora dijo: “Sois los primeros niños que he visto en todo el día que no llevan nada en las manos.” ¿Recordáis cómo se maravillaba de que no necesitabais un dispositivo electrónico para entrar a la tienda? Sé cómo os hicieron sentir sus palabras. Sé cómo os recordó que sois diferentes porque vuestra mamá limita vuestro uso de la electrónica. Sé que también era otro recordatorio.

El mismo recordatorio que recibís cuando salimos a comer y os dais cuenta de que todos los niños están jugando con sus teléfonos y iPads en lugar de hablar con sus padres. Sé que fue un recordatorio de esos eventos deportivos en los que sentís que sois los únicos niños a los que sus padres hacen animar a sus hermanos en lugar de dejar que se entierren en sus teléfonos. Sé que fue otro recordatorio de que os sentís diferentes en esta era electrónica en la que vivimos.

Pues bien, chicos, no sois vosotros. Soy yo. Yo siendo egoísta, tal vez. Mirad, no puedo soportar perderme un momento con vosotros. Dejadme que os explique.

Quiero hablar con vosotros cuando salimos a comer. Quiero escuchar vuestras preguntas. Quiero tener oportunidades de formaros. Quiero dejar espacio para la conversación que nos puede llevar más profundo. Y si siempre estáis distraídos con aparatos electrónicos, bueno… me perderé esos momentos.

Podría daros todas las estadísticas acerca de los dañinos que son para vuestro desarrollo, vuestra capacidad de atención y vuestra habilidad para aprender. Aunque todas estas son razones válidas para mantener lejos los aparatos electrónicos, esa no es la razón principal por la que os digo que no tantas veces. Es más que eso. Mucho más. Necesito que lo entendáis.

Cuando estamos juntos, quiero todo de vosotros. Completos. Quiero experimentaros. Experimentaros de verdad. Pero no puedo hacerlo cuando hay un aparato electrónico entre vosotros y yo. Actúa como una barrera. Quiero ver lo que trae vida a vuestros ojos. Quiero ver el asombro y la magia cruzar vuestro rostro mientras descubrís las maravillas de este mundo. Quiero miraros mientras resolvéis cosas. Quiero veros procesar la vida, desarrollar vuestros pensamientos. Quiero conoceros. Quiero conocer lo que os apasiona. Quiero observaros mientras descubrís los dones y talentos que Dios os ha dado. Y cuando os escondéis detrás de una pantalla, me pierdo todo eso. Y mi tiempo con vosotros… bueno, se habrá acabado en un abrir y cerrar de ojos.

Quiero guiaros en la comprensión de la vida y de quién sois. Chicos, los niños de hoy están hambrientos de atención, de conexión y relación verdaderas. Yo no quiero que vosotros estéis hambrientos. Es por eso que digo “no”. Sé que alimentar vuestro deseo de jugar con vuestros aparatos es como daros un caramelo. Satisface por un momento, pero no nutre a largo plazo. Hace más daño que bien.

No quiero mirar atrás cuando esté fuera de las trincheras de la educación de los niños, y lamentar un solo segundo que tuve con vosotros. No quiero simplemente sobrevivir. Quiero prosperar en esta vida con vosotros. Estamos juntos en ella. Somos una familia.

Sí, cuando estamos esperando en la consulta del médico durante una hora, sería más fácil manteneros callados con mi teléfono. Pero si lo hiciera, me temo que os estaría enviando un mensaje que dice que prefiero que estéis en silencio antes que oír las preciosas palabras que salen de vuestros labios.

No puedo soportar la idea de permitir que os perdáis las maravillas y los misterios de este mundo. Cuando estáis paralizados en una pantalla, os perdéis la belleza de este mundo. En cada momento, la belleza está esperando a ser descubierta. No quiero que os la perdáis.

Quiero que estéis cómodos con vosotros mismos. No quiero que sintáis la necesidad constante de ser entretenidos o distraídos. Si permanecéis detrás de una pantalla, nunca experimentaréis ser sencillamente vosotros, solos con vuestros pensamientos. Quiero que aprendáis a pensar, a reflexionar sobre la vida, a hacer descubrimientos, a crear. Habéis sido dotados por Dios de maneras increíbles. Quiero que esos dones florezcan. No pueden florecer en el brillo de una pantalla. Necesitan vida, vida real, para salir a la luz.

Quiero que tengáis confianza en quién sois. Quiero que seáis capaces de mirar a la gente a los ojos, e inspirarles vida. Si os permito que viváis detrás de una pantalla, tendréis muy poca práctica en eso de mirar a los ojos. Para conocer a alguien de verdad, tienes que mirarle a los ojos. Son la ventana a su corazón. Puedes ver lo que no se puede ver en el
Ciberespacio.

Cuando os digo que nada de aparatos, os estoy dando un regalo. Y me estoy dando a mí misma un regalo. Es el regalo de la relación. Verdadera conexión humana. Es preciosa y un tesoro. Y significáis tanto para mí que no quiero perderme ni un segundo de ella.

Me encanta cómo Dios creó vuestra mente. Me encanta escuchar la forma en que pensáis y procesáis la vida. Me encanta ver lo que os hace reír. Me encanta ver esos ojos abrirse de par en par cuando hacen un nuevo descubrimiento. Y cuando vuestra cabeza está detrás de una pantalla, me pierdo todo eso. Y vosotros también.

En esta vida tenemos pocos animadores. En esta familia nos animaremos unos a otros. Sé que es aburrido sentarse durante una clase de natación y mirar a tu hermano aprender a nadar. Sé que es aburrido sentarse durante dos horas en un entrenamiento de baseball. Y sinceramente, sería fácil para mí daros el iPad y manteneros callados y ocupados. Pero todos perdemos mucho cuando hacemos eso. Vosotros os perderéis ser testigos de los nuevos logros de vuestros hermanos. Le privaréis de que la alegría de ese momento brille sobre vosotros. Os perderéis lo que significa animarnos unos a otros.

Quiero que crezcáis sabiendo que el mundo no gira alrededor vuestro (algún día, vuestra esposa me lo agradecerá). Quiero que aprendáis a daros a vosotros mismos… dar vuestro tiempo, vuestros talentos, vuestros tesoros. Si os distraigo con aparatos electrónicos cuando deberíais estar animando a vuestro hermano, simplemente os estoy diciendo que vuestra felicidad es más importante que entregar vuestro tiempo a otra persona. Este mundo necesita más generosidad. Este mundo necesita más conexión. Este mundo necesita más amor. No podemos aprender esto detrás de una pantalla.

Quiero educar hijos que sepan cómo mirar profundamente en los ojos de las personas que aman. Quiero que mis futuras nueras sepan lo que es tener un marido que las mira a los ojos porque conoce el valor de las relaciones humanas y el tesoro del amor. Y esto se comunica mejor mirando a los ojos.

Quiero ver cómo vuestro rostro se ilumina ante la majestuosidad de la vida –no el brillo de una pantalla. Quiero todo de vosotros. Porque solo os tendré por un tiempo muy corto. Cuando hagáis las maletas para ir a la universidad, quiero mirar atrás sin remordimientos hacia el tiempo que pasé con vosotros. Quiero mirar atrás y recordar cómo vuestros ojos brillaban mientras hablábamos. Quiero mirar atrás y recordar cómo conocía todos esos diminutos detalles de vuestra vida porque teníamos el tiempo para aburrirnos juntos.

No pasa nada por estar aburrido. Podemos aburrirnos juntos. Y podemos descubrir nuevas cosas juntos.

Os quiero. Os quiero demasiado para callaros con un teléfono, una tablet o una consola. Y ni siquiera puedo disculparme, porque no lo lamento. Hago esto para no tener que lamentarlo algún día.

Con todo mi amor,

Mamá

Puedes leer el post original aquí:
http://renee-robinson.com/a-letter-to-my-sons-the-real-reason-i-say-no-to-electronics/

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