Dormir con mi bebé o “amontonamiento voluntario”

and they folded their wings to sleep

photo credit: DanielJames via photopin cc

El otro día fui al pediatra con mi pequeña, que ya ha cumplido 20 meses (¡madre mía, cómo pasa el tiempo!) para una revisión rutinaria. Su pediatra, que es maravillosa, no estaba disponible, así que nos atendió otra pediatra. Estoy firmemente convencida de su profesionalidad, pero hizo algo que me llamó la atención.

Entre las muchas preguntas que los pediatras nos hacen para ver si nuestros pequeños se están desarrollando correctamente, hizo la siguiente:

– “Ya duerme en su cuarto, ¿verdad?”

Más que una pregunta, fue una afirmación. Así que yo le contesté:

– “No. Duerme con nosotros.”

Al principio mi respuesta le sorprendió, pero se recompuso y siguió con su pequeño “interrogatorio”:

– “Bueno, pero en su propia cuna, ¿verdad?”

En este punto yo ya me estaba divirtiendo, así que le respondí:

– “Sí, en su cuna. Excepto cuando duerme en nuestra cama.”

Yo esperaba iniciar una bonita conversación sobre el colecho y por qué nos resulta tan gratificante, pero la pediatra susurró un suave: “bueno”, y decidió cambiar de tema. Creo que esa parte de la revisión la suspendí.

En ese momento me pregunté: ¿en qué momento el hecho de que un bebé duerma con sus padres se ha convertido en un problema de salud que preocupa a los pediatras?

Hace unos meses vi una noticia en un canal de televisión, que hablaba de un estudio científico que se había realizado sobre la forma “correcta” de dormir de los bebés y los niños. Cuando unimos las palabras “estudio científico” y “televisión”, cualquier cosa que se diga va a ser aceptado por la sociedad como verdad indiscutible. Por eso me pareció tan peligroso. La conclusión a la que llegó el estudio, y las recomendaciones que daban a los padres fueron entre otras: los bebés deben aprender a dormirse solos; no se les debe cantar, acariciar ni acunar; si lloran, está permitido acudir unos segundos para calmarle, tras lo cual hay que volver a dejarlo solo; deben dormir en su propia habitación desde los seis meses de edad…

Todas estas recomendaciones hace tiempo que han sido probadas falsas, innecesarias, e incluso contraproducentes, por decenas de estudios científicos que la cadena de televisión ni siquiera mencionó. Pero entre todas las conclusiones, hubo una que hizo que se me cortara la respiración, por los motivos que dieron: está totalmente desaconsejado científicamente colechar con un bebé. Y estas eran las 2 razones para esta prohibición:

La primera fue que la vida del bebé corre peligro: puede morir asfixiado o aplastado por uno de sus padres. Esta información es incompleta, porque cuando el colecho se realiza de forma consciente, premeditada y tomando las medidas de seguridad necesarias, el riesgo es nulo. Cuando el colecho se realiza de forma correcta, los bebés no mueren. Como científicos, es más inteligente enseñar a los padres cómo dormir con sus hijos, en lugar de prohibirles hacerlo. (En otro artículo veremos cómo practicar colecho de manera segura).

Pero fue la segunda razón la que me dejó sin aliento: cuando dormimos con nuestro bebé, corremos el riesgo de que se cree un vínculo demasiado fuerte entre la madre y el bebé.

¡Un vínculo demasiado fuerte! ¿Qué es un vínculo demasiado fuerte? ¿Un vínculo que haga que el bebé desee estar con su madre? ¿Que se calme cuando ella lo abraza? ¿Que se duerma feliz y profundamente cuando ella lo acuna? ¿Que dé algunos pasitos para explorar el mundo y luego vuelva a sus brazos a “repostar” para poder seguir explorando? ¿Que se sienta fuerte y capaz de hacer cosas cuando ella lo anima?

¿En qué momento un fuerte vínculo se convirtió en algo negativo?

Yo personalmente aspiro a amar a mis hijas como Dios me ama a mí, y como las ama a ellas. Con un amor sin condiciones y sin límites. Aspiro a establecer con ellas el vínculo que Dios quiere tener conmigo. Fuerte, irrompible, que soporte cualquier tempestad, que haga que se sientan capaces de todo. El amor que Dios siente por mí es tan grande, tan inconcebible, que no puedo pensar que haya una cantidad máxima de amor que debamos dar a nuestros hijos. El amor no entiende de cantidades, ni de tiempos, y nunca es demasiado. Nuestros hijos deben recibirlo a raudales para sentirse capaces de salir al mundo sin miedo, y realizar grandes hazañas en él.

Ese es el amor que yo quiero darles. Así que, siempre que lo necesite, nuestra pequeña saltará a nuestra cama y recibirá todo el amor y los mimos del mundo, para que nuestro vínculo sea fuerte como una roca.

 

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4 thoughts on “Dormir con mi bebé o “amontonamiento voluntario”

  1. Mis hijos de 3 y casi 5 han dormido conmigo hasta hace poco, y a día de hoy se levantan y vienen a mi cama. Y si les dejo en mi cama no se levantan ni una vez,cosa q si hacen desde su habitación. Y además me encanta q duerman conmigo!

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