Duérmete, mi cielo, por favor (lo que no me contaron sobre el sueño de los bebés)

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Cuando supe que estaba embarazada, empecé a soñar e imaginar todas las cosas que haría con mi bebé: que daríamos largos paseos por el parque, ella se quedaría dormidita en el carro y yo me sentaría en un banco al sol a leer un buen libro; que por la noche después de su cena pondría un cd de canciones de cuna, dejaría una luz suave y ella se dormiría plácidamente en su cuna mientras yo me daba un buen baño relajante; que, tal como me habían aconsejado, dormiría durante el día al mismo tiempo que ella para evitar el cansancio excesivo…

Pues bien, todo eso nunca sucedió.  Cuando mi princesa nació, era la criatura más dulce y bonita que había visto nunca. Pero muy pronto descubrimos que su forma de dormir no se parecía en nada a lo que habíamos leído en los libros. La cuna del hospital no llegó a utilizarla. Lloraba y lloraba hasta que la sacábamos y la poníamos sobre mi pecho, donde dormía profundamente.

Cuando llegamos a casa dos días después, el panorama fue el mismo. La preciosa cuna que habíamos preparado para ella parecía no gustarle en absoluto, por los gritos que daba cuando la acostábamos en ella. Si conseguíamos que se durmiera, se despertaba sobresaltada al menor ruido. Y por supuesto, cada vez que yo ponía un pie en la ducha. El único lugar donde dormía profundamente era en brazos. No podía dormir cuando ella dormía, porque casi siempre la tenía en brazos.

Por la noche sí parecía aceptar su cuna más o menos, siempre y cuando la durmiéramos en brazos y la dejásemos en su cuna, dormidita, muy suavemente. Pero se despertaba para comer cada 2 horas o dos horas y media. Y lo hacía muy despacio. Así que yo básicamente dormía una hora y media o dos, con suerte, entre toma y toma.

Por supuesto, no faltaron las voces que nos decían: “Es que la tenéis demasiado en brazos; la habéis malacostumbrado; dejad que llore un poco, que no le va a pasar nada; llorar es bueno para los pulmones…”. Pero mi marido y yo nos hemos negado firmemente a utilizar uno de esos métodos mágicos para “enseñar a dormir” a los bebés, que básicamente consisten en dejarlo llorar. Nunca transmitiremos a nuestras hijas el mensaje: “es mejor que dejes de llamarnos porque no vamos a ir”. Siempre que nos necesiten, estaremos ahí para ellas. Y cuando nuestras hijas lloran, nos necesitan.

Decidimos respetar el ritmo natural de nuestra pequeña, y nunca me voy a arrepentir. Está siendo un camino duro, pero a la vez, inmensamente gratificante. Tardó varios meses en conseguir dormir la siesta en su cuna. Se despertó para comer por las noches hasta que tenía casi un año. No consiguió conciliar el sueño sola hasta hace dos meses. Cuando estuvo preparada, ella misma me lo pidió. Y tengo que reconocer que echo de menos acunarla hasta que se duerme.

Ahora tiene 20 meses y son contadas las noches que duerme “de un tirón”. Aun se despierta para pedir agua, o simplemente para ver que estoy ahí. Y siempre que lo necesita por razones físicas o emocionales, duerme en nuestra cama. Sé que tardará en dormir de un tirón. Pero lo logrará, y en el camino, nuestra relación se fortalecerá.

Una buena amiga, mamá de un precioso bebé de 8 meses, está luchando con esto ahora mismo. Hace unos días escribió lo siguiente:

Queridos expertos en sueño infantil:

Por favor, no hagáis que suene tan fácil. Si pudierais poner en vuestros artículos y libros que los padres sentirán agotamiento extremo, breves pérdidas de esperanza, y un espíritu roto, estaría bien.

Por eso decidí escribir este artículo. Porque tiene razón. Hay muchas cosas que no nos han dicho. No nos han dicho…

  1. Que los bebés son criaturas preciosas e indefensas que tienen muy poco interés en dormir lejos de su madre. Dormirán grandes siestas en brazos, pero será una lucha dejarlos en sus cunas para ir a hacer otras cosas (incluyendo la higiene personal).
  2. Que el consejo de dormir cuando el bebé duerme muy pocas mujeres consiguen realizarlo, porque siempre se nos ocurren mil cosas urgentes que no pueden esperar.
  3. Que cada bebé tiene su propio ritmo a la hora de conseguir dormirse solo y durante toda la noche. Esos ritmos son diferentes de un bebé a otro, y definitivamente diferentes de lo que los padres desearían y los expertos sugieren.
  4. Que el hecho de que un bebé de 6, 8 o 12 meses no se duerma solo y se despierte por la noche no indica ninguna enfermedad ni trastorno, y no necesita tratamiento. Es perfectamente normal, aunque haga que los padres vivamos permanentemente cansados.
  5. Que el sueño que conseguimos despertándonos cada pocas horas con el llanto del bebé es muy poco reparador y hace que vayamos acumulando cansancio semana tras semana y mes tras mes.
  6. Que cada etapa del desarrollo de los niños afecta a su sueño. Muchos no conseguirán dormir toda la noche de un tirón hasta los 4 ó 5 años.

Por eso, los sentimientos de amor y devoción hacia nuestro bebé se mezclan con agotamiento y desesperación. Esto es totalmente normal y comprensible. Si queremos respetar el ritmo natural de nuestro bebé, no hay fórmulas mágicas. Solo algunos trucos que nos pueden ayudar:

  • No te sientas culpable por sentir lo que sientes. Es perfectamente normal y no disminuye ni un gramo el amor que sientes por tu hijo.
  • Deja las tareas de casa para más tarde… o para nunca. No importa que haya platos sucios o una pila de ropa para planchar. Lo único que importa sois tú y tu hijo.
  • Apóyate en las personas que tienes alrededor, y deja que te ayuden. Duerme una siesta mientras llevan a tu bebé a pasear o deja que limpien tu cocina.
  • En la medida de lo posible, trata de no recurrir a métodos mágicos para enseñar a dormir dejando llorar. Funcionan, sí. Pero las consecuencias que pueden tener en la salud emocional de tu hijo y en vuestro vínculo pueden ser permanentes. Al contrario, trata de disfrutar de cada momento que pasas con él acunándole, cantándole y confortándole. Esa época pasa más rápido de lo que piensas y pronto la echarás de menos.
  • No tengas miedo a colechar. Incluso si no lo hacéis de manera habitual, ante una noche difícil, el bebé y vosotros dormiréis mejor si lo ponéis en vuestra cama.
  • Infórmate del desarrollo natural del sueño de los niños, para saber qué esperar y qué no, y para tener la tranquilidad de que lo estás haciendo bien. Yo recomiendo el libro “Dormir sin lágrimas” de Rosa Jové.
  • No dejes que nadie te diga que lo estás haciendo mal. Si alguien se permite opinar, escucha educadamente y luego contesta: “Te agradezco el consejo, pero estoy muy satisfecha con el método de crianza que he escogido.”
  • Y sobre todo, apóyate en Dios. Háblale de tu cansancio, de tu falta de fuerzas, y deja que Él te consuele y te dé fuerzas.

“Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.”

(Isaías 40:29)

Si eres una mamá levantada en medio de la noche, recuerda: No estás sola; Dios está contigo.

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