Mi mejor versión de mí para mi pequeña esponjita

Cassatt_Mary_Nurse_Reading_to_a_Little_Girl_1895

Mi pequeña, de 20 meses, está en esa preciosa edad de descubrir, explorar y tocar absolutamente todo. Es una etapa muy divertida que estamos disfrutando, salvo en esas ocasiones en las que quiere cosas que no puede tener porque son peligrosas para ella o pueden romperse. En esos momentos, se frustra mucho. Y como tiene un carácter fuerte (tengo que reconocer que como el de mamá), en pocos segundos estalla en una pequeña explosión de ira: grita, llora, y en algunas ocasiones, muerde.

Estamos tratando de enseñarle a manejar su ira. Será un proceso largo que irá controlando a medida que domine el lenguaje y pueda expresar su frustración o enfado hablando. Pero mientras, vamos practicando. Así que, cuando algo así sucede, me agacho, la miro a los ojos, le cojo la manita y le digo:

– “Cariño, así no. No hace falta gritar. Si quieres algo, habla con mamá, que mamá entiende tus palabras”.

Generalmente se tranquiliza y me explica con su pequeño vocabulario y sus manitas lo que le pasa. Pero si está muy enfadada y sigue con la explosión de ira, le repito:

– “Así no, cariño. Muy mal.”

Pues hace unos días estábamos toda la familia arreglando la casa. Como ya he dicho antes, el carácter fuerte de mi hija lo ha heredado de mí, y cuando estoy cansada o frustrada, también tengo tendencia a pequeñas explosiones de ira. Estoy trabajando en ello, y sé que lo conseguiré, aunque también me está llevando tiempo. En un momento me sentí frustrada porque la política de reciclaje de nuestra ciudad hace que acumulemos en casa grandes cantidades de basura para reciclar, y estallé:

– “¡Siempre igual! Tenemos que almacenar todo esto… Nos está invadiendo… Los horarios para llevarlo no se adaptan a nosotros…¡Estoy harta!” (etc, etc)

Y de repente, en un momento que mi pequeña pasaba jugando por mi lado, le escuché decir:

– “Mu mal, mamá. Mu mal.”

Nuestra primera reacción fue reír ante su ocurrencia, que por supuesto hizo que el ambiente se relajara a pesar de mí.
Pero después, un escalofrío recorrió mi cuerpo al darme cuenta de, hasta qué punto, mi hija está absorbiendo todo lo que ve en mí. Somos su ejemplo y su modelo a seguir. Cuando pensamos que no están atentos, lo están. Cuando pensamos que no escuchan, lo hacen. Cuando pensamos que están absortos en sus juegos, con un ojo nos están observando. Observando y absorbiendo, como tiernas esponjitas con ganas de retener todo lo que sucede a su alrededor.

En esta tierna edad, todo lo que hacen sus padres está bien y es digno de imitarse. Observan cómo reaccionamos, cómo nos enfrentamos a nuestras propias frustraciones, cómo reaccionamos cuando las cosas no nos salen como nos gustaría, cómo tratamos a las personas que nos decepcionan, cómo los tratamos a ellos cuando no hacen las cosas como deberían… Observan, interiorizan… y repiten.

Y no pude evitar preguntarme, ¿qué modelo estoy siendo para mi hija? Hay tantas cosas de mí que no quisiera que ella reproduzca. ¿Cómo voy a enseñarle a controlar su ira, si yo no consigo controlar la mía? ¿Cómo voy a enseñarle a tener una relación con Dios, cuando yo estoy luchando con la mía?

Yo no quiero que sea como yo; quiero que sea como Jesús. Pero ella solo puede ver a Jesús a través de mí. Necesito sacar la mejor versión de mí misma para esa pequeña personita que me admira y me observa todo el día. ¿Qué puedo hacer?

Justo cuando iba a entrar en pánico, el Señor me recordó que yo no puedo cambiarme a mí misma, pero Él sí puede. Me recordó que estamos juntos en esta tarea de educar a mi pequeña, y que de Su mano, todo es posible. Me recordó que “el que comenzó en mí la buena obra, la perfeccionará” (Filipenses 1:6). Y que Él ama a mi pequeña incluso más que yo.

Entonces, con esta paz en el corazón, pude hacer una pequeña lista de las cosas que quiero hacer para no dejar que mis emociones me controlen, y ser el mejor ejemplo que pueda para mi pequeña:

  • Cada mañana voy a tratar de pasar algo de tiempo con Dios. Unos días será más y otros será menos. Así es nuestra vida: sin agenda. Pero algo de tiempo, el suficiente para sentir que no enfrento el día sola.
  • Cada vez que sienta que mis emociones van a tomar el control, voy a parar lo que estoy haciendo, respirar, y elevar una pequeña oración para que sea Dios quien tome el control.
  • Haré lo anterior especialmente antes de corregir a mi pequeña.
  • Me voy a inspirar en ella para entender el trabajo que Dios está haciendo conmigo. Con el mismo amor que yo cuido y corrijo a mi pequeña, sabiendo el gran potencial que lleva en su interior, el Señor sigue trabajando en mí, porque inexplicablemente no se ha rendido todavía. Aun cree que valgo la pena.
  • Y cuando tropiece y mis emociones me dominen, recordaré que los niños perdonan pequeños deslices ocasionales. Es el ambiente de su hogar lo que les dejará huella.
Advertisements

2 thoughts on “Mi mejor versión de mí para mi pequeña esponjita

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s