10 maneras de hacer que nuestros hijos se sientan especiales

Familia feliz

Cuando mi pequeña nació, hice una lista de las cosas que más deseaba para ella, de lo que quería conseguir con su educación:

  • Que aprenda a amar y respetar a sus padres, para después amar y respetar a Dios.
  • Que se acepte como es, se valore y tenga un buen concepto de sí misma. Que al mismo tiempo sea capaz de reconocer sus errores y las facetas de ella misma que necesitan mejorar.
  • Que tenga confianza en sí misma y se sienta capaz de enfrentar cualquier desafío y superar cualquier problema.
  • Que tenga la suficiente seguridad en sí misma como para escoger lo correcto aunque no sea popular; que no tenga miedo de ser diferente; que haga lo que sabe que debe hacer aunque nadie lo vea.
  • Que sea sensible hacia el sufrimiento de los demás, que ayude a quien lo necesite y defienda la justicia.

Ese es el tipo de persona que quisiera que mi pequeña sea. Esa es la razón por la que cada día intento ser mejor y hacerlo mejor. Pero no es algo fácil de conseguir. El mundo en el que vivimos no promueve este tipo de valores, y no son fáciles de transmitir a nuestros niños. Vivimos en una sociedad egoísta que nos incita a pensar en nosotros mismos y en nuestro propio bien, especialmente en estos tiempos de crisis. Aunque nos creemos independientes, en el fondo somos profundamente dependientes: de la opinión de los demás, de la tecnología, de la moda, del “qué dirán”… La presión del grupo sobre los jóvenes ha alcanzado niveles preocupantes. Es muy difícil encontrar personas con una autoestima equilibrada, capaces de valorar sus virtudes, y detectar y corregir sus defectos (la gran mayoría nos inclinamos hacia uno u otro extremo). Con nuestra costumbre de premiar a los niños cuando hacen algo bien, sin querer les estamos enseñando a hacer las cosas bien solo cuando hay un premio detrás. El respeto hacia los padres está desapareciendo poco a poco. Y el respeto hacia Dios prácticamente ha desaparecido del todo.

Entonces, ¿qué podemos hacer para que nuestros hijos desarrollen estos valores tan poco populares? Aprender estos valores es un proceso largo, que llevará muchos años de la vida del niño, y que pasará por momentos de duda y de crisis. Así que debemos ser muy pacientes y constantes. Pero hay algo muy importante que debemos hacer, que será la base de todo, y en lo que no nos podemos permitir fallar: debemos cultivar en ellos el sentimiento de que son especiales, enormemente valiosos, amados por nosotros y amados por Dios.

Deben crecer con la seguridad de que los amamos incondicionalmente, sean como sean y hagan lo que hagan. Deben sentir que no están en el mundo por casualidad o por error, sino que Dios los puso en una familia que los deseaba y los esperaba con todo su corazón. Deben saber que Dios les amaba desde antes de nacer, y les dio dones y capacidades maravillosas, que podrán usar para llevar adelante el plan que tiene para ellos.

Ese sentimiento de que son amados, aceptados, que pertenecen a un lugar y que tienen un propósito les dará la fuerza para ser ellos mismos, defender la justicia y hacer lo que saben que es correcto, no importa lo que pase alrededor.

Hay muchas formas de mostrar a nuestros hijos desde que nacen, y cada día, que son valiosos y especiales. Esta es mi pequeña selección:

1.  Cuéntales historias de cuando eran pequeños. A los niños les encanta escuchar historias de las cosas que hacían cuando eran más pequeños: sus primeras palabras, los sitios a los que les gustaba ir, y sobre todo, anécdotas de cosas graciosas que hacían. Les demuestra que esas cosas fueron importantes para sus padres y por eso las recuerdan.

2.  Guarda en una caja cosas de cuando eran bebés. Muéstrasela de vez en cuando y cuéntales la historia de esas cosas. Yo guardo cosas como sus chupetes, un babero que yo le hice, la decoración de su baby shower, un pañal pequeñito o los zapatos con los que dio sus primeros pasos. Ver que sus padres guardan esas cosas como un tesoro les da sentimientos de profundo amor y pertenencia.

3.  Háblales de cuánto los amaba Dios desde antes de nacer. Muéstrales textos de la Biblia que lo dicen. Recuérdaselo constantemente, pon esos textos a la vista en cuadros en su dormitorio, ponles notitas con esos textos en la mochila o la bolsa de la comida… Usa lenguaje sencillo y pon el nombre del niño en el texto.

4.  Cuando hacen algo bueno y creen que nadie lo ha notado, reconócelo. Diles que tú lo notaste y lo valoras mucho. Diles lo orgulloso que estás de ellos. Llama su atención sobre lo bien que se sintió la persona que se benefició de su acción.

5.  Déjales notas por la casa con las cosas que te gustan de ellos. Rasgos positivos de su carácter, dones o cómo resolvieron alguna situación complicada.

6.  Hazte fotos con ellos haciendo muchas actividades, y miradlas juntos de vez en cuando. Recordad lo bien que lo pasasteis y volved a reír. Atesorad en el recuerdo esos momentos.

7.  Cuando estéis con otras personas, háblales de las cualidades y logros de vuestros hijos, especialmente cuando ellos creen que no sabéis que nos escuchan. Esos momentos en los que notamos que nuestro hijo ha puesto un oído en la conversación de los adultos es perfecto para dejar caer una alabanza.

8.  Exhibe en casa fotos y recuerdos de sus logros. Trabajos que han hecho, manualidades, regalitos hechos a mano, fotos de los campeonatos deportivos (no importa si ganaron o perdieron)… Deben saber que valoráis su esfuerzo, no el resultado.

9.  Dedica tiempo especial para cada uno de vuestros hijos, haciendo lo que más les gusta o desarrollando algún don. Es bueno que cada padre reservemos al menos un ratito a la semana con cada hijo. Solos los dos, sin competencia, y haciendo alguna actividad que le guste mucho, y le haga sentir amado, especial, teniendo toda la atención de su padre y de su madre.

10.  Alaba sus cualidades y sus logros cuando suceden, pero siendo realistas. Los niños saben distinguir entre una alabanza real y un intento vano por adularlos.

Dejemos volar la imaginación. Hay mil formas de hacer que nuestros hijos se sientan valiosos y especiales. ¡Es el momento de ser creativos!

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¿Demasiado tiempo en brazos?

photo credit: MjZ Photography via photopin cc

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Este es un artículo de ánimo para esos papás y mamás que disfrutan teniendo a sus bebés en brazos, acunándolos, acariciándolos y sintiéndolos junto a su corazón todo el tiempo que pueden, pero que escuchan constantemente la advertencia apocalíptica: “Si lo coges tanto en brazos, se va a acostumbrar, lo vas a malcriar y será un caprichoso toda su vida”.

Habéis escogido esta forma de crianza desde que vuestro bebé estaba en camino, habéis meditado mucho en ello y estáis seguros. Y aún así, cuando llega el momento, os hacen dudar. Por el cariño con el que os lo dicen, o por temor a que tengan razón, os hacen dudar. Lo sé, porque yo también estuve ahí. Dudé, y me replanteé cargar a mi niña en brazos tanto tiempo. Pero finalmente decidimos juntos seguir adelante con nuestra decisión, y nunca nos hemos arrepentido.

Si tú también estás dudando, quisiera animarte a que sigas adelante. Creo que ésto te ayudará:

Desde el punto de vista del comportamiento, los mamíferos pueden clasificarse en dos tipos: de madriguera y de acarreo.

Los mamíferos de madriguera dejan a sus crías en algún escondrijo o madriguera durante largos períodos de tiempo mientras la madre va a buscar alimento. Las crías deben permanecer en silencio durante todo ese tiempo para no llamar la atención de los depredadores, por lo que no lloran ni gritan. Por ese mismo motivo no orinan hasta que son estimulados por la madre. Tienen mecanismos internos capaces de regular su temperatura corporal. La leche de la madre es muy rica en grasas y proteínas, y las crías maman a gran velocidad.

Los mamíferos de acarreo mantienen un contacto continuo con sus crías. Las crías lloran cuando son molestadas y orinan a menudo. También necesitan la presencia de sus padres para mantenerse abrigados. La leche de las madres tiene bajo contenido en proteínas y grasas, por lo que las crías tienen que mamar a menudo, y lo hacen despacio.

¿A qué grupo creéis que pertenece el ser humano? Podemos preguntar a una madre lactante que se despierta cada 2 horas para dar de mamar, si su cría come a menudo. Su carita cansada nos responderá. O le podemos preguntar al papá que saca una bolsa de basura llena de pañales, si su cría orina a menudo. Les podemos preguntar si su cría llora cuando está lejos de ellos. Con una mezcla de agotamiento y orgullo, responderán que demasiado.

Dios nos hizo así. Nos diseñó para llevar a nuestras crías pegaditas al cuerpo dándoles amor y calor. Para tenerlas cerca y satisfacer sus necesidades rápidamente. Para protegerlas y darles la seguridad que les haga crecer confiadas en nuestro amor y en el de Dios.

Así que, si estás teniendo dudas, no las tengas. Y no permitas que nadie te diga que lo estás haciendo mal. Sigue adelante con tu decisión, sabiendo que tan solo estás siguiendo el plan original de Dios.

Si estás interesad@ en el porteo, pero tu espalda y tus quehaceres te dicen que necesitas ayuda, aquí tienes una selección de herramientas para porteo que te van a facilitar mucho las cosas y harán que sea una experiencia maravillosa para los dos.

Los niños no necesitan tiempo en cantidad; necesitan tiempo de calidad… y otras mentiras

Photo credit: ~PhotograTree~ via photopin cc

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¿Cuántas veces hemos escuchado esta frase? La hemos oído salir de labios de familiares, amigos, psicólogos, educadores y médicos. La hemos leído en libros de educación y revistas. La hemos escuchado en programas de televisión. La hemos oído tanto que ya forma parte de nuestra cultura social.

Pero, ¿es cierta esa afirmación?¿Cuál es su base científica? ¿Qué estudios sociológicos la apoyan? Ninguno. No hay. No hay ninguna prueba que demuestre que nuestros hijos son igual de felices cuando les dedicamos solo un poco de nuestro tiempo y nuestra atención, siempre y cuando sea de calidad.

Antiguamente los niños nunca estaban solos. Las familias vivían juntas en grandes casas familiares, con los abuelos, los tíos, los primos… Y siempre había alguien acompañando a los niños. Entonces llegó la Revolución Industrial, y con ella, el progreso económico. Pero junto al progreso llegaron grandes cambios para las familias. Los padres se mudaron con sus hijos a pequeños apartamentos en la ciudad para poder ir a trabajar, y se disolvió la familia extensa. Las nuevas demandas económicas hicieron que los dos padres tuviesen la necesidad de trabajar. Creamos el sistema actual de educación obligatoria y guarderías para dejar a los niños mientras los padres trabajaban. Y a partir de ahí, en un esfuerzo por mitigar los sentimientos de culpa de los padres, y en especial, de las madres, los médicos y psicólogos empezaron a crear nuevas teorías. Tranquilizadoras, pero falsas:

  • Es bueno dejar llorar a los bebés, para que no se malcríen, y de paso, fortalezcan sus pulmones.
  • Los niños necesitan ir a la guardería desde edades tempranas, para socializarse.
  • No importa si no tenemos mucho tiempo para estar con nuestros hijos. Ellos no necesitan cantidad; necesitan calidad.

No quiero que se me malinterprete. No se trata de que los padres nos creemos sentimientos de culpa. Soy consciente del mundo y de la sociedad en que vivimos; de que para muchas familias, tener dos trabajos no es un lujo ni un capricho, sino una necesidad; de que la mayoría de padres se marchan de la guardería con el corazón en un puño; que la mayoría de padres no conseguimos dar a nuestros hijos todo el tiempo que nos gustaría. Pero la solución no es engañarnos.

Necesitamos saber cuáles son las verdaderas necesidades de nuestros hijos, para poder satisfacerlas lo mejor que podamos según nuestras posibilidades.

Y la realidad es que nuestros hijos nos necesitan. Nos necesitan mucho. Con calidad y en cantidad. Necesitan estar con nosotros, jugar con nosotros, comer con nosotros, estudiar con nosotros. Necesitan nuestra atención completa durante el mayor tiempo posible, especialmente durante los primeros años de vida. En palabras de la educadora Kay Kuzma:

“La manera de deletrear amor en los primeros siete años es T-I-E-M-P-O”.

Pero como hemos visto que no es tan sencillo como nos gustaría, estas son algunas ideas para que nuestros hijos sientan que son lo más importante de nuestra vida, a pesar del ritmo trepidante en el que vivimos.

Cuando estemos con ellos:

  • Dejar el móvil abandonado, fuera de la vista. Los niños perciben desde muy pequeños que el móvil les roba la atención de sus padres.
  • Tratar de dedicarles toda la atención exclusiva que nos sea posible. Dejar los trabajos no urgentes para más adelante. Bajar nuestra exigencia en cuanto a la limpieza de la casa.
  • Cuando nos levantamos por la mañana, dedicarles a ellos los primeros momentos. Jugar, cantar, retozar en la cama, preparar un buen desayuno… Las tareas de la casa pueden esperar.
  • Convertir los ratos rutinarios de atenderlos (vestirlos, bañarlos, darles de comer) en una fiesta, mediante juegos, cantos y risas.
  • Jugar con ellos. Tumbarnos en el suelo, disfrazarnos, disfrutar de la “merienda” que nos preparan, ir a pasear, leer una historia… Disfrutar con ellos.

Cuando tengamos que dejarlos con otra persona:

  •  Dejarlos con alguien de confianza que sepamos que los van a tratar como lo haríamos nosotros.
  • No dejarlos y desaparecer a escondidas. Explicarles dónde vamos y por qué no los podemos llevar, decirles con quién van a estar y todas las cosas divertidas que podrán hacer, y decirles cuándo vamos a volver. Ser puntuales a la hora de regresar.

Y cuando estemos con ellos, pero no podamos darles atención exclusiva:

  •  Si es posible, involucrarles en nuestra tarea: pueden ayudarnos a preparar la comida, limpiar el polvo o arreglar el jardín. Les divierte y se sienten útiles.
  • Si no nos pueden ayudar, preparar un lugar en el que puedan jugar junto a nosotros. Podemos tener una pequeña mesa de su tamaño o una alfombrita, y ponerla en la habitación en la que estemos.
  • Mirarlos y sonreírles de vez en cuando. Acariciarles cuando pasemos por su lado.
  • Hacer comentarios sobre lo que están haciendo (“Estás pintando una mariposa”). No se trata de alabar todo lo que hacen, sino de mostrar que estamos pendientes de ellos.
  • Cantar juntos mientras hacemos nuestras tareas.
  • Si se ponen nerviosos, dejar lo que estamos haciendo y dedicarles un ratito a ellos. Pretender que un niño pequeño se entretenga solo mucho tiempo es casi imposible. Pero la mayoría estará dispuesto a jugar solo un ratito más después de tener un poco de atención de papá y mamá.

El tiempo que tenemos con ellos es un tesoro que el estrés cotidiano intenta robarnos. En nuestra mano está no permitírselo.

Me dijeron que el tiempo pasa volando…

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Acabo de acostar a mi pequeña. La miro y no puedo creer lo mayor que se ha hecho. Cada noche, antes de dormir, papá y yo nos acostamos con ella en la cama y le acariciamos mientras le cantamos una canción. O varias, porque siempre pide más; le encantan esos momentos en familia. Luego la cojo en brazos dispuesta a darle una sesión de mimos, que necesito yo tanto como ella. Pero me ha pedido que la deje en la cuna. Estaba cansada. Me parece que fue ayer cuando la tenía que mecer en brazos durante 30 ó 40 minutos para que se durmiera.

Me dijeron que el tiempo pasa volando. Gracias a Dios les creí, y decidí hacer las cosas como me dictaba mi corazón.

Ella ha pasado en brazos días enteros. Ha dormido conmigo, junto a mí y encima de mí. Me he despertado infinidad de veces sobresaltada por una de sus “dulces” pataditas.

Decidimos no hacer caso de las voces cariñosas pero desafortunadas que nos decían: “Se va a acostumbrar a tanto brazo”. Y contestábamos con humor: “Demasiado tarde; ya está acostumbrada. La malcrié llevándola casi 40 semanas en mi vientre, acunándola con mis movimientos y arrullándola con el latido de mi corazón. Se acostumbró.”

Ella ha tenido a su papá o a su mamá a su lado cada vez que ha llorado, ansiosos por averiguar cuál era su necesidad, y aliviarla.

Ella se ha dormido cada noche en brazos de mamá, que la acunaba y acariciaba hasta que estaba profundamente dormida.

Y con el tiempo, cuando ha estado preparada, ha aprendido a dormirse sola. Lo ha conseguido. Y no ha tenido que sentirse solita y abandonada en una habitación vacía y oscura. Y nosotros no hemos tenido que salir de la habitación con el corazón roto, y subir el volumen de la televisión para no escuchar su llanto, tratando de autoconvencernos de que era lo mejor para ella. Sencillamente, pasó. En su momento, cuando estuvo preparada, y de manera natural. Porque sí, porque ella es una campeona y sabíamos que lo lograría. Y porque confía en el amor constante e incondicional de sus padres, que estarán ahí cuando los llame, siempre.

Pero ahora lo echo de menos. Hace un tiempo que no quiere que la acune para dormir, y lo echo de menos. Los dolores de espalda que sufrí, las tertulias familiares que me perdí encerrada en la habitación tratando de dormirla… no son nada, comparado con la felicidad que obtuve de esos momentos, con la alegría y el privilegio de tener a mi princesa en brazos y crear un vínculo que durará toda la vida. Lo echo de menos.

Ahora estás en otra etapa. No quieres jugar sola; quieres que esté a tu lado siempre, te lea libros y juegue contigo. Así que el polvo se acumula en los muebles y la ropa en la plancha. Pero no me importa, porque sé que antes de lo que desearía esta etapa habrá pasado y la echaré de menos. Voy a disfrutar de ti, respirar tu aroma, memorizar tu sonrisa y fotografiar cada uno de tus gestos, con mi cámara y con mi corazón.

Cómo has crecido, mi vida. Quisiera detener el tiempo… pero no puedo. Lo único que puedo hacer es asegurarme de no tener que lamentar ni uno solo de los minutos que Dios me regale a tu lado.

 

Por qué mi hija no va a jugar con “Barbies”

Photo credit: Vince Alongi via photopin cc

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La Barbie: esa muñeca que todas las niñas desean tener y a la que sueñan con parecerse. En casi todas las casas donde hay una niña, hay también al menos una Barbie.

Yo nunca tuve ninguna. Nunca me gustaron. Me parecía una muñeca que era, además de cursi, tremendamente aburrida. No había muchas cosas que se pudiera hacer con ella, aparte de cambiarle de ropa y peinarla. Ni siquiera se mantenía de pie sola, así que tenía que sujetarla con una mano, y con la otra podía sujetar otro muñeco, para que al menos Barbie interactuase con alguien más. Al cabo de 20 minutos de jugar así con las Barbies de mis amigas me había aburrido demasiado y había cambiado de juego.

Según fui creciendo, me di cuenta de que la Barbie no solo me parecía cursi y aburrida, sino que transmite malos valores a las niñas. Por eso cuando tuve a mi pequeña, decidí que ella tampoco va a jugar con Barbies. No se las voy a comprar, y si mi familia y amigos leen esto, tengo una larga lista de juguetes maravillosos, si necesitan sugerencias.

Son muchas las razones que han hecho que mi manía a una muñeca se convierta en un tema de principios, pero voy a intentar resumirlas:

– SU ASPECTO FÍSICO: Ya es por todos conocido que una persona con las proporciones de esta muñeca no podría vivir. Resumo aquí algunas de sus “preciosas” cualidades:

  • El cuello no está proporcionado con la cabeza, la cual es el doble de grande de lo que debería. El cuello es demasiado largo y delgado para sostener una cabeza de esas dimensiones. Una persona que tuviera un cuello igual no podría mantener la cabeza erguida.
  • Si fuera humana, su cintura mediría unos 40 centímetros, lo cual significa que no le cabrían todos los órganos que necesita para vivir. Solo tendría espacio para la mitad de un hígado y unos pocos centrímetros de intestino.
  • Sus piernas son un 50% más largas que los brazos (en el cuerpo humano son un 20% más largas), y extremadamente delgadas. Son unas piernas preciosas, pero nada humanas.
  • Sus muñecas son extremadamente delgadas. Tanto, que sería incapaz de levantar nada de peso. Así que no le pidáis a Barbie que haga ningún esfuerzo.
  • Sus pies son demasiado pequeños y sus tobillos demasiado delgados para soportar su peso. Por tanto, si Barbie fuera humana, tendría que caminar literalmente a cuatro patas.

Y aun así, sabiendo todo esto, seguimos poniendo en manos de nuestras niñas una muñeca que les va a transmitir un ideal de belleza irreal y cruel. Querrán ser como ella, y cuando no puedan, se sentarán las bases de sus futuros complejos.

Esta no es una preocupación de una madre  histérica y sobreprotectora. Psicólogos, educadores y universidades han empezado a estudiar este fenómeno, preocupados por la cantidad de niñas de 5, 6 y 7 años que están mostrando comportamientos desconcertantes a esta edad: obsesionadas con no engordar, haciendo dieta y siguiendo tablas de ejercicios. Están sentando las bases de una futura anorexia. No hay duda de que gran parte de la culpa la tiene la publicidad y el mundo de la moda. Pero todos los expertos están de acuerdo en que Barbie juega un papel muy importante, especialmente a edades tan tempranas.

En un estudio realizado a niñas de entre 6 y 10 años, les ofrecieron dos muñecas para jugar: una Barbie de cuerpo escultural y una muñeca de proporciones normales. El resultado del estudio fue sobrecogedor: las niñas que escogieron jugar con Barbie tenían la autoestima más baja y comían menos; las niñas que escogieron la otra muñeca tenían la autoestima alta y comían más.

– SUS HOBBIES: La actividad que más le gusta a Barbie es probarse ropa… y complementos… y zapatos en sus diminutos pies pensados para llevar exclusivamente tacones. También se pueden encontrar en las tiendas algunas muñecas a las que les gusta pasear al perro, montar a caballo o ir en bici. Pero principalmente lo que le hace feliz es probarse ropa.

– A QUÉ SE DEDICA: Siendo Barbie una muñeca adulta, es de esperar que tenga alguna profesión. Pero encontrar en las tiendas una Barbie profesional no es tarea fácil. Con esfuerzo podemos encontrar la colección: “Barbie quiero ser…”, que incluye modelos como socorrista, pediatra, canguro, estrella de rock, diseñadora de moda, snowboarder, piloto de carreras o bailarina. Es fácil imaginar cuáles son las preferidas de las niñas.

– QUIÉNES SON SUS AMIGOS: Los amigos de Barbie son unos cuantos muñecos de cuerpos esculturales y proporciones imposibles, que comparten la afición de Barbie por hacer… bueno, casi nada.

Mi hija, como todos los niños amará a sus muñecos, se identificará con ellos, y a través del juego simbólico, vivirá en ellos sus sueños e ilusiones. No puedo cortarle las alas poniendo en sus manos una muñeca tan limitada y superficial.

Quiero plantar en el corazón de mi hija la seguridad de que es valiosa, amada por mí y amada por Dios.

Quiero que crezca sabiendo que Dios la hizo con grandes talentos, y que tiene maravillosos planes para ella. Quiero que se sienta capaz y feliz de llevarlos a cabo.

Quiero que tenga la seguridad de que tiene muchas capacidades, y que disfrute desarrollándolas. Quiero que sienta pasión por la vida y por el mundo, y por las cosas que puede hacer en él. Quiero que disfrute leyendo un buen libro, dando un paseo por la montaña, aprendiendo a hacer un bizcocho, descubriendo cómo se hace una reanimación cardiopulmonar, ayudando a animales abandonados, visitando a abuelitos que están solos… Quiero que con cada logro, su autoestima crezca y la estimule a intentar nuevos retos, sabiendo que es capaz. Y quiero que se rodee de personas que le apoyen y le animen a sacar lo mejor de sí misma.

Sé que mi hija será más feliz así y en ese camino, Barbie, no me ayudas. Así que lo siento, pero no eres bienvenida en nuestra casa.