Las luchas con la lactancia

Las luchas con la lactancia Este es un post muy especial que ha sido difícil de escribir, porque cuenta algo muy personal sobre la que fue la experiencia más dolorosa de mi maternidad: mi “fracaso” con la lactancia. Pero he querido compartirla porque espero que pueda ser útil para alguien.

Desde que supe que estaba embarazada tuve claro que apostaba por la lactancia materna. Decidí darle a mi hija 6 meses de lactancia exclusiva, y después, combinarla con la alimentación complementaria todo el tiempo que fuera posible.

Como siempre, empecé a imaginar y a soñar, pensando en esas idílicas imágenes de mamás con sus bebés, amamantando y felices, como si no hubiera nadie más alrededor, disfrutando de quererse el uno al otro.

Y como siempre, la realidad resultó ser muy diferente.

Debido a algunas complicaciones en el parto, tuve que permanecer toda la noche sin moverme y acostada. Así que ahí estaba yo, madre primeriza, tratando de aprender a dar de mamar en posición completamente horizontal. Y no lo hice muy bien. Al día siguiente tenía enormes heridas y grietas, y el dolor era insoportable. Es difícil explicar el dolor que esas grietas llegan a producir. De hecho, cuando en el curso pre-parto la matrona nos dijo que debíamos cuidarnos porque debido a esas grietas muchas mujeres abandonan la lactancia, pensé que exageraba. Pero me di cuenta que no.

El momento de amamantar a mi niña se convirtió literalmente en una tortura que tenía lugar aproximadamente cada dos horas. Cuando ella empezaba a hacer los ruiditos que indicaban que empezaba a tener hambre, yo empezaba a llorar (fruto también en parte, de las hormonas, debo decir), y no podía parar hasta que terminaba.

A todo esto se unió que mi hija llegó a nosotros en uno de los momentos más difíciles y estresantes de nuestra vida. Así que posiblemente por el estrés, mi producción de leche no fue muy grande. Mi pequeña no parecía quedarse satisfecha cuando mamaba, lloraba y no conseguía dormir bien. Pero no quería darle ningún biberón porque me habían dicho que era mejor no hacerlo. Así que yo lloraba y lloraba también por eso.

Llegó un momento en que lloraba casi todo el día, sintiéndome miserable, inútil y la peor madre del mundo por no poder amamantar a mi pequeña. Hasta que un día después de dos semanas, mi madre y mi hermana se fueron a la farmacia y volvieron con un biberón y leche especial. A pesar de mis protestas por lo que me parecía un enorme crimen, le dieron un biberón después de tomar el pecho, mi hija se lo tomó como si hubiera llovido del Cielo, y durmió plácida y profundamente por primera vez en sus dos semanas de vida.

Mis grietas se fueron sanando gracias a maravillosos consejos que me dio mi matrona, así que seguí combinando pecho y biberón. Mi hija parecía otra y yo comencé a disfrutar. Hasta que cuando tenía unos dos meses, se me fue la leche definitivamente, seguramente a causa del estrés y de la combinación con el biberón. Y me volví a preocupar. Me preocupaba su salud, su sistema inmunológico, que desarrollara alergias, el temido Síndrome de Muerte Súbita y el famoso “vínculo”.

Mi hija se crió con biberón y sin lactancia materna desde los 2 meses de edad más o menos, y ¿sabéis cuántos de mis temores se hicieron realidad? Exacto, ninguno. Mi hija es una niña sana y fuerte, activa y alegre, que no ha desarrollado alergias, que ahora mismo, a punto de cumplir los dos años, tiene su primera tos (también ayuda que no va a la guardería, es cierto), y nos une un vínculo fuerte como una roca.

Sigo creyendo a ciegas en la lactancia materna. Creo que es el mejor alimento creado por Dios para suplir a la perfección todas las necesidades de nuestros bebés. Y si tuviera otro hijo lo volvería a intentar sin duda. Pero también creo que las mujeres cometemos un grave error cuando equiparamos nuestro valor como madres a nuestra capacidad de amamantar. Colocamos sobre nuestros hombros un peso que en ocasiones se hace muy duro llevar.

Es cierto que todas las mujeres, en principio estamos capacitadas y dotadas para ser capaces de amamantar. Pero sería cruel e injusto, además de falso, negar que hay multitud de factores y situaciones en la vida que pueden dificultar e incluso impedir ese proceso. Estoy segura de que cometí errores, que hay cosas que pude hacer mejor, que quizá me faltó paciencia. Pero tuve que quitarme la culpa de encima, recordándome una y otra vez que lo hice lo mejor que pude según mis circunstancias, y que todas las decisiones que tomé, acertadas o no, las tomé pensando en ella y por amor a ella. Todas debemos quitarnos ese peso a nosotras mismas, y también unas a otras.

Éstos son algunos consejos que yo daría a mujeres que están luchando ahora mismo con su lactancia o a punto de hacerlo:

  • Acude a un curso pre-parto, y si es posible, ve con tu marido. La información que allí nos dan es realmente valiosa tanto para el parto como para las difíciles primeras semanas de crianza.
  • Apóyate en tu matrona, coméntale todas tus dudas, tanto antes como durante la consolidación de la lactancia. Los trucos y consejos que ellas nos dan no se pagan con dinero.
  • En la medida de lo posible, escoge para dar a luz un hospital que tenga apoyo a la lactancia, especialmente si eres primeriza. Las primeras horas son cruciales para iniciar bien, y es un inmenso apoyo recibir ayuda en esos momentos.
  • Únete a un grupo de lactancia. En ellos puedes desahogarte, dejar fluir las molestas hormonas, recibir multitud de consejos prácticos y mucha ayuda.
  • Infórmate sobre los productos que tienen en las farmacias como apoyo a la lactancia: cremas, conchas para evitar el roce… Son realmente útiles y pueden llegar a ser un auténtico salvavidas.
  • Recuerda que consolidar la lactancia llevará algunas semanas, así que ármate de paciencia. Las molestias de las primeras semanas, desaparecerán, y se convertirá en un momento que disfrutarás muchísimo.
  • No te dejes arrastrar por presiones ni horarios. Lo más importante sois tu hijo y tú. Cuando llega la hora de comer, olvídate del tiempo y del lugar. Dale de mamar donde tú te sientas cómoda, no importa si es un lugar privado o público. Y olvídate del reloj. No pasa nada si llegáis tarde a la siguiente cita. Solo disfruta de tu momento con tu pequeño.

Y sobre todo, relájate. Intenta amamantar a tu bebé con todos los medios a tu alcance. Lo más probable es que todo vaya bien. Pero si por alguna razón no lo consigues, no te sientas culpable. Recuerda que tu valor como madre no se mide por tu capacidad de amamantar a tu hijo. Se mide por tu capacidad de amarlo. Y hay mil maneras de hacerlo. Amamantar es solo una de ellas.

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2 thoughts on “Las luchas con la lactancia

  1. Reblogged this on Asociación Cristiana de Apoyo y Recursos en la Crianza and commented:
    Desde CRIAR nos parece muy importante compartir ésta entrada en el Blog “Galletas y Abrazos”. Si estás por ser mamá, estás comenzando con la lactancia o estás sufriendola. Os recomendamos leer éste artículo o compartirlo con quiénes estén viviendo una situación parecida. Hay cosas de las que nadie habla…Y los problemas en la lactancia son uno de ellos.

    • Es cierto, hay temas de los que nos avergüenza hablar, porque hacen que nos sintamos malas madres. Pero eso debe cambiar! Y para eso estamos en estos foros: para abrir nuestro corazón y apoyarnos unos a otros. Gracias por compartir, mamis de la Asociación CRIAR!!!

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