5 Ideas para que Jesús sea el centro de la Navidad

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Ya llega la Navidad, mi época favorita del año. Muchos de los recuerdos más bonitos de mi infancia sucedieron en Navidad. Crecí en una familia grande, rodeada de hermanos, tíos y primos, y nos encantaba hacer muchas cosas juntos. Pasábamos largas veladas en familia y teníamos muchísimas tradiciones preciosas, algunas de las cuales hemos transmitido a nuestros propios hijos.

La Navidad me trae a la mente recuerdos de preciosos árboles decorados con luces y muchísimos regalos a sus pies, el olor del boniato en el horno, programas especiales en la iglesia, comer castañas mientras paseamos con la familia, belenes callejeros, villancicos… Muchísima ilusión. Es una época muy tierna para mí.

Pero entre tantas compras, cenas, eventos, decoraciones, regalos… con cuánta facilidad olvidamos por qué o por Quién hacemos todo eso. Sabemos que Jesús no nació realmente en Navidad. Pero es una excusa maravillosa para recordarlo, celebrarlo y agradecerlo. Y aun así, ¡qué fácil es perdernos entre montañas de regalos y olvidar el Regalo más importante que recibimos en estas fechas! ¡Cuán a menudo llenamos nuestros estómagos de deliciosa comida y olvidamos llenar los de los menos afortunados! ¡Cuántas películas preciosas de Navidad vemos en familia, pero cuán pocas veces nos contamos unos a otros la Historia más bella!

Quiero disfrutar la Navidad con mi preciosa familia, quiero decorar un árbol, cantar villancicos e ilusionarme comprando regalos para las personas que amo. Pero quiero que Jesús sea el centro de todo esto, quiero que sea nuestro motivo y nuestra ilusión, que presida nuestras reuniones familiares y llene nuestros corazones. Quiero recordar que “el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”, y que gracias a eso nosotros tenemos vida, esperanza y podemos disfrutar de estos momentos maravillosos.

Estas son 5 ideas para que el Príncipe de Paz reine en nuestro hogar en estas fiestas:

  1. Que la decoración de nuestro hogar la presida un hermoso Belén. Podemos hacerlo nosotros mismos con nuestros niños, o comprarlo. Y luego colocarlo en un lugar de honor, donde podamos verlo bien. También podemos colorear dibujos y escribir textos bíblicos que hablen del nacimiento de Jesús y colgarlos por la casa. Cualquier cosa que nos recuerde el cumpleaños de Quién estamos celebrando.
  2. Que nuestros niños no crean en Papá Noel ni en los Reyes Magos. Este punto tengo que explicarlo. Cuando mi tío era pequeño, era un niño increiblemente bueno; y mis abuelos eran increiblemente pobres. Ellos siempre hicieron verdaderos esfuerzos por dar a sus amados hijos bonitos regalos por Navidad de parte de los Reyes Magos. Pero, claro, sus recursos eran muy limitados. Una Navidad, mi tío vivió una gran decepción al no comprender por qué él, que era tan obediente, había recibido un pequeño juego de cochecitos de plástico, mientras su primo, que era muy desobediente, había recibido un impresionante tren eléctrico. Mis abuelos se dieron cuenta de que era cruel hacer creer a los niños, en especial a los pobres, que sus regalos dependían de su comportamiento. Le contaron la verdad, lo cual le quitó un peso de encima a mi pobre tío, y desde ese momento todos los niños de la familia nos hemos criado sin creer en las fantasías de Navidad. No os asustéis pensando que eso le quitó magia e ilusión a nuestras navidades. ¡Justamente lo contrario! No creo que haya muchos niños en el mundo que vivan la Navidad con más emoción que lo hicimos nosotros. Sabiendo que los regalos venían de nuestros seres queridos, desde muy pequeñas nuestra ilusión fue comprar regalos para ellos. Cada Navidad desde que éramos niñas, mi hermana, mis primas y yo juntábamos nuestros ahorritos (con aportaciones de nuestros padres, por supuesto), y salíamos a comprar regalos para todos. ¡Para todos! La mañana de Navidad nos despertábamos muy ilusionadas por los regalos que íbamos a recibir, pero sobre todo, por ver las caritas de las personas que más queríamos cuando abriesen nuestros regalos. Experimentamos que “hay más gozo en dar que en recibir”. Y cuando abríamos nuestros regalos, nos lanzábamos a los brazos de quien nos lo había dado, para abrazarle y darle las gracias. Papá Noel y los Reyes formaban parte de nuestra decoración, nuestras tarjetas y la tradición. Pero la magia de nuestra Navidad estaba llena de amor familiar.
  3. Dejar que los niños colaboren en la preparación de la cena de Nochebuena. Preparar una cantidad extra y llevarla a alguna familia que sepamos que no va a poder disfrutar de una cena así.
  4. Antes del día de Navidad, revisar con los niños los juguetes y seleccionar algunos que podamos regalar a niños que no vayan a tener regalos. Ver con ellos que tenemos mucho más de lo que necesitamos, y que tenemos el privilegio de poder compartir. El día de Navidad ir en familia a alegrar a personas cuyo día no es tan feliz. Hay familias muy creativas para ésto. Podemos llevar los juguetes a un orfanato y jugar con los niños, ayudar a servir comida en un comedor social, llevar pastas a una residencia de ancianos y mimar a los abuelitos que pasan el día solos, repartir chocolate caliente a las personas sin hogar… ¡Dejemos volar la imaginación!
  5. La mañana de Navidad, no lanzarnos a abrir los regalos nada más levantarnos. Antes de eso, desayunar en familia y recordar el relato bíblico del nacimiento de Jesús. Podemos leerlo en la Biblia, cantar, representarlo entre todos… Recordar qué estamos celebrando hoy.

Hagámosle al Rey de Reyes una fiesta de cumpleaños por todo lo alto, en la que Su nombre sea ensalzado por encima de todo lo demás.

¡Feliz Navidad!

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