Por qué los hijos no pueden ser lo más importante en un matrimonio. ¿O sí?

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Esta semana he leído un artículo en una conocida web que se titulaba “Esta es la razón por la que los hijos no pueden ser lo más importante en un matrimonio”, el cual podéis leer aquí. No me gusta comentar los artículos de otros autores, pero he querido hacerlo con este porque, aunque comparto totalmente la idea principal, está mezclada con otras ideas que pueden hacer mucho daño a las familias y a los niños.

Lo que el artículo quiere transmitir es que no debemos abandonar nuestro matrimonio y a nuestra pareja centrándonos únicamente en el cuidado de nuestros hijos; que es precisamente la unión fuerte entre el matrimonio la que da estabilidad a la familia. Hasta aquí estoy 100% de acuerdo. Pero para ilustrarlo, utiliza 3 ejemplos. Uno de ellos me hizo reir, pero los otros me pusieron enormemente triste.

1) Menciona la típica pegatina de ” Bebé a bordo” que los felices papás de un recién nacido ponen en el cristal trasero de su coche, y sugiere que esa pegatina existe porque los seres humanos consideramos la vida de un bebé mucho más valiosa que la del resto de personas. Es decir, que la razón por la que no ponemos un cartel de ” Adolescente a bordo” es porque amamos y valoramos más a nuestro bebé que a nuestro hijo adolescente. Realmente, la mayoría de los que ponemos esas pegatinas lo hacemos porque son muy monas, y porque estamos orgullosos de nuestro nuevo hijo y queremos que el mundo sepa que ha llegado a nuestras vidas. Y por una razón más: aunque amamos a todos nuestros hijos por igual, todos somos conscientes de que un simple golpe al coche que seguramente no afectaría a nuestro hijo mayor ni a nosotros mismos, podría hacer mucho daño a nuestro bebé. No se trata de qué vida es más valiosa, sino de cuál es más frágil.

2) También menciona la historia de una mujer llamada Ayelet Waldman que escribió un artículo en el que decía: “Yo amo a mi marido más que a mis hijos” (por el que fue duramente criticada), argumentando que gracias a eso sus hijos habían crecido en un hogar sólido y estable. Me recordó a la típica pregunta ” ¿A quién quieres más, a papá o a mamá?”, con la que nos gusta poner en aprietos a los niños, aunque a ellos no les hace ninguna gracia. Yo no amo a mi marido más. Tampoco amo a mis hijas más. Los amo de manera diferente y a todos ellos con toda la plenitud de mi corazón. Es cierto que ahora le dedico más tiempo a mi hija pequeña. Pero esto es porque es pequeña, indefensa, la traje al mundo sin preguntarle si le apetecía, y no puede sobrevivir sin mí (mi marido sí puede). Así que mi obligación como madre es protegerla y enseñarle a vivir, y eso lleva tiempo. Aunque el tiempo que mi marido y yo pasamos juntos tratamos de que sea muy especial, es inevitable dedicar más tiempo a mi hijas mientras son pequeñas.

3) Por último, el autor expresa cómo está socialmente aceptado hablar mal de cualquier persona, pero en cambio está mal visto que hablemos mal de nuestros hijos. ¡Gracias a Dios! Para empezar, no deberíamos hablar mal de nadie. Pero al menos un adulto tiene la capacidad y la autoridad para enfadarse, encararnos, pagarnos con la misma moneda o mandarnos a paseo. Pero,  ¡pobres de nuestros hijos si hacen alguna de esas cosas! Por supuesto que no podemos hablar mal de nuestros hijos. Son pequeñas personitas en formación, muchos de sus defectos de carácter los han heredado de nosotros, y están creciendo y luchando por ser cada día mejores (batalla que muchos adultos ya hemos abandonado en nuestra propia vida). Nuestra obligación como padres es ayudarles a construir una autoestima sólida basada en sus muchas cualidades y en su capacidad de vencer sus defectos. Jamás debemos arruinar su reputación hablando mal de ellos a los demás, quedando así su autoestima destruida por las personas que más quiere y más necesita.

La clave de un matrimonio de éxito y de una familia sólida y feliz no está en poner a nuestra pareja por encima de nuestros hijos, ni a nuestros hijos por encima de nuestra pareja. Dentro de la familia no puede haber prioridades. No se trata de decidir quién es más importante. Se trata de conocer o detectar las necesidades únicas de cada miembro, y satisfacerlas con todo el amor del mundo y la energía de la que disponemos (unas veces es más, y otras es menos). En la familia cada pieza es única, maravillosa, necesaria e insustituible. Somos uno, nos amamos y nos necesitamos los unos a los otros.

Si anhelamos un matrimonio y una familia sólida y feliz, no debemos crear prioridades dentro de la familia. El único secreto es convertir a la familia en la prioridad.

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Reloj de tela para las tareas

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Jessica nos vuelve a traer en su precioso blog Cutesy Crafts una idea que me tiene enamorada. Es un reloj de tela en el que cabe toda nuestra imaginación.

Solo ha utilizado un bastidor de bordado, fieltro de colores y el mecanismo de un reloj.

En lugar de números, podemos poner dibujos con la actividad que toca en cada momento. Así los más pequeños, incluso antes de saber leer la hora, pueden mirar el reloj y saber “qué hora es”: es hora de comer, hora de bañarnos, hora de ir a dormir… Pueden ellos mismos ir gestinando su jornada, podemos juntarnos al empezar el día y decidir juntos  qué hora haremos cada actividad. Y a los niños les gusta mucho saber qué viene después.

Incluso nos va a ahorrar muchas discusiones:
– Jo, mamá, ¿ya es hora de ir a dormir?
– Pregúntale al reloj  😉

Tenéis el tutorial aquí, lleno de fotos para ilustrarlo.

¡Es hora de ponernos a coser!

Cuando Dios se difumina (¿dónde está Dios cuando sufro?)

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Qué bonito se ve todo cuando las cosas van bien, ¿verdad? Cuando nuestros niños están sanitos y felices; cuando tenemos un agradable trabajo que nos ayuda a pagar las cuentas; cuando tenemos una hermosa casa en la que celebramos alegres reuniones familiares.

Qué bonito es todo cuando pasamos una tarde de risas con amigos mientras los niños juegan en el jardín; cuando nuestro perro se acurruca a nuestro lado mientras vemos una película en familia; cuando una suave lluvia riega nuestras rosas recién sembradas.

En esos momentos, el mundo nos parece un lugar feliz. Con sus problemas, sí, pero feliz. Sonreímos. Incluso nos volvemos poetas. Escribimos canciones, cocinamos pasteles, organizamos armarios…

¿Y Dios? En esos momentos, Dios está ahí. Tan real, tan palpable. Podemos oírlo, podemos verlo. En el canto de los pájaros, en la risa de nuestros niños, en el arcoiris. Está por todas partes. Le hablamos, le cantamos, recordamos Sus promesas y le agradecemos Sus muchas bendiciones. Porque está ahí, a nuestro lado. Y estamos seguros de que nunca se va a marchar.

Y de repente, sin ningún aviso, la vida nos golpea. Nos golpea muy fuerte. No me refiero a esos pequeños golpecitos diarios con los que estamos acostumbrados a lidiar. Hablo de esos golpes fuertes, que te sacuden y te dejan tirado en el suelo. Esos tras los que te cuesta levantar la cabeza. Esos que hacen que, de repente, Dios ya no se vea tan nítido. Que hacen que Dios… se difumine.

¿Qué pasa cuando perdemos nuestro bonito trabajo y ya no podemos pagar las cuentas? ¿Cuando las cartas de nuestros acreedores reclamándonos pagos que no podemos hacer se acumulan en el buzón? ¿Cuando nuestra bonita casa en la que guardamos tantos recuerdos, nuestro querido hogar, arde en llamas?

¿Dónde está Dios cuando nuestro pequeño y dulce niño está en una cama de hospital y nadie sabe qué le sucede? ¿Cuando nuestra pareja decide marcharse en busca de aventuras más “excitantes”? ¿Cuando nuestro hijo adolescente escoge caminos dolorosos y nos hace dudar de nuestra capacidad para ser padres? ¿Cuando nuestro amor, nuestro compañero del alma para toda la vida sufre una larga y dolorosa enfermedad mental de la que no se consigue levantar? ¿Cuando la muerte nos separa? ¿Cuando el cáncer consume nuestras fuerzas y nuestras ganas de seguir luchando?

¿Dónde está Dios entonces? Sabemos que está. Nos lo dice la razón, la Biblia y nuestra propia experiencia. Nos lo dicen nuestros seres queridos. Nos lo dice el pastor y el libro de nuestra mesilla de noche. Está. Lo sabemos. Pero no podemos verlo. Las lágrimas nos lo impiden. Y necesitamos verlo.

Yo no sé por qué pasan esas cosas. Y tampoco sé por qué nos cuesta tanto ver a Dios cuando más lo necesitamos. Pero lo que sí sé es que está. Siempre está. Y sentir Su compañía y Su apoyo en nuestras horas más oscuras es el privilegio más grande que podemos tener.

No podemos escoger las batallas que tendremos que pelear, pero podemos escoger al lado de Quién vamos a pelearlas. Podemos escoger mirar con los ojos de la fe. Podemos escoger creer aunque no veamos. Podemos escoger orar aunque no escuchemos la respuesta. Podemos escoger caminar “como viendo al Invisible” (Hebreos 11: 27), sabiendo que Sus promesas son fieles y verdaderas.

Podemos decidir sacar lo bueno de cada experiencia dolorosa, para después poder “consolar de la misma manera que fuimos consolados” (2 Corintios 1: 4). Podemos decidir ser una bendición para los demás.

Podemos decidir recordar que ésto también pasará. Y dejarnos mimar y aconsejar por Aquel que “nos amó hasta el fin” (Juan 13: 1) y “nos tiene esculpidos en las palmas de Sus manos” (Isaías 49: 16).

Y durante todo ese doloroso proceso, en medio de la tormenta, podemos experimentar una intimidad con Dios que jamás conseguiríamos en medio de la calma.

No sé cuál es tu tormenta. Solo sé cuál es la mía. Pero mi deseo para ti y para mí es el mismo: que nos tomemos fuerte de la mano de “Aquel que es poderoso para hacer mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos” (Efesios 3: 20), que cerremos los ojos y esperemos a que pase la tormenta. Y que una vez haya pasado, podamos decir con lágrimas en los ojos, esta vez de alegría:

“De oídas Te conocía, pero ahora mis ojos Te ven” (Job 42: 5)

Muñeco de nieve inspirado en Olaf

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Heidi Fowler en su precioso blog One Creative Mommy nos enseña cómo hacer un divertido muñeco de nieve inspirado en el personaje Olaf, ideal para decorar nuestra casa este invierno.

Es muy sencillo, podemos hacerlo incluso con nuestros hijos pequeños. Y solo utilizamos materiales fáciles de encontrar, como calcetines, arroz, gomas de pelo, fieltro o pegamento caliente.

Podéis ver el tutorial entero aquí. Está en inglés, pero las fotografías son muy gráficas. Y como siempre, escribidme si necesitáis ayuda en algún punto.

Heidi incluso nos deja los patrones para hacer las piezas de fieltro. Podéis descargarlos aquí.

¿Verdad que es precioso y simpático? Nos hará sonreir incluso en días grises 🙂

Saquitos para las sillas

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En el fantástico blog Scissors and Spatulas podemos encontrar esta genial idea para guardar cuadernos y materiales y tenerlos muy a mano.

Se trata de unas preciosas bolsitas de tela que se cuelgan en el respaldo de las sillas donde trabajan los niños. Dentro podemos poner libros, cuadernos, estuches… y los pequeños tan solo tienen que girarse para alcanzar lo que necesitan. Y a la hora de recoger, es muy fácil y rápido.

Veréis que los saquitos son muy fáciles de hacer, y podemos confeccionarlos con las telas que queramos, haciendo juego con la decoración de la habitación.

¡Una idea estupenda para nuestros pequeños artistas!

Falda de sandía

El fantástico blog de Jessica: “Cutesy Crafts” (www.cutesycrafts.com) está lleno de ideas y manualidades súper creativas. Si le echáis un vistazo, seguro que os inspirará.

A mí me ha enamorado esta preciosa falda con estampado de sandía para disfrutar de un bonito paseo en familia una tarde de verano. ¡Dan ganas de comernos a nuestras princesitas!

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Os dejo el link para que podáis ver, paso a paso, cómo se hace. ¡Es muy fácil!

Falda de sandía

El blog está en inglés, pero las imágenes son muy gráficas y hacen que el proceso sea fácil de entender. Aun así, si alguien necesita ayuda en algún punto, o una traducción, dejad un comentario o enviadme un mensaje.

¡Van a estar guapísimas!

 

Comederos para pájaros DIY

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La web Pequeocio ha recopilado 6 preciosos comederos caseros para pájaros. Podemos hacerlos con materiales que encontramos fácilmente en casa. Y podemos colocarlos en cualquier lugar: el jardín, la terraza o incluso una ventana. No necesitamos mucho espacio. Solo necesitamos tener ganas de traer la primavera y la naturaleza a nuestro hogar. De esta manera, nuestros niños pueden contemplar y disfrutar de los pajaritos sin necesidad de encerrarlos en una jaula. ¡Os van a encantar!