Si muriera hoy…

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Esta semana se nos ha ido una estrella, un ángel, una flor. Maddison, una preciosa niña de 20 años, murió atropellada mientras iba a la universidad montada en su bicicleta. En las angustiosas horas que pasaron desde el accidente hasta que su corazón dejó de latir, internet se llenó de mensajes de su familia y sus amigos, hablando de lo maravillosa que era, y pidiendo nuestras oraciones. Hablaban de su dulzura, de su amistad fiel y sincera, de su enorme amor por su Dios.

No pretendo entender por qué suceden estas cosas horribles. Mi pequeña mente humana no podría comprenderlo. Lo único que sé es que nuestra vida aquí es frágil y efímera: hoy estamos y mañana podemos no estar. Hoy podemos estar preocupados por nuestro trabajo, nuestras finanzas, las notas escolares de nuestros hijos… y mañana, todos esos problemas pueden reposar bajo tierra.

Si muriera hoy, necesito saber que alguien notaría mi ausencia.

Necesito saber que la vida de alguien es mejor porque se tropezó con la mía.

Necesito no volver a desperdiciar ni un solo minuto preocupándome por cosas que no han sucedido, discutiendo por tener la razón, trabajando demasiado para tener más…

Mientras estoy viva, necesito vivir. Vivir de verdad, la vida abundante que Dios me ofrece.

Cada vez que me despida de mi marido voy a besarlo como si fuera la última vez que lo voy a ver. No voy a dejar que pase un solo día sin decirle que le quiero, con mis palabras y mis acciones. Voy a dar gracias a Dios cada día por ese maravilloso regalo que es mi alma gemela. Voy a tratarlo con toda la dulzura del mundo, incluso cuando no sienta que es mi alma gemela, porque cada minuto juntos, incluso los difíciles, son un precioso regalo que no quiero dar por sentado.

Voy a amar, valorar, cuidar y respetar a mis hijos como las preciosas joyas de Dios que son. Voy a trabajar menos y jugar más. Voy a reir con ellos a carcajadas y saltar en los charcos. Voy a sonreir cuando vea huellas de pequeñitos pies en el suelo recién fregado, y voy a enseñarles a limpiarlo con ternura y paciencia. Voy a abrazarlos y besarlos sin parar y sin motivo. Voy a corregirlos y disciplinarlos con tanto cariño que nunca tengan dudas de mi amor. Voy a achucharlos antes de dormir y decirles cada noche cuánto les quiero y lo afortunada que soy de ser su mamá, cuando se hayan portado bien y cuando se hayan portado mal. Voy a tratarlos de manera que, si por la mañana no consigo despertarlos, en mi corazón no haya remordimientos, sino la felicidad del recuerdo de los momentos vividos, y la esperanza ansiosa de volver a encontrarlos pronto.

Voy a cuidar de mis padres, ayudar a mis hermanos, mimar a mi sobrinos, apoyar a mis amigos… sin poderme creer la bendición que es que formen parte de mi vida.

No voy a dejar que pase un solo día estando enfadada con alguien amado.

Voy a hacer la diferencia en la vida de algún desconocido, involucrarme en un proyecto social, donar sangre, donar médula, donar cualquier cosa que alguien más pueda usar cuando yo ya no lo necesite.

Si muriera hoy, necesito saber que alguien notaría mi ausencia.

“Bienaventurados los que descansan en el Señor, porque sus obras con ellos siguen”. (Apocalipsis 14: 13)

Maddison se ha ido dando la vida a otras 10 personas. Descansa, Maddy. Pronto, muy pronto.

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