Mamá, no me tires a la basura

No me tires a la basura

Este Verano, España quedó conmocionada ante la noticia del hallazgo de un bebé recién nacido en un contenedor de basura. Milagrosamente, ese precioso bebé logró sobrevivir. Pero la conmoción fue mayor cuando, unos días después, la policía averiguó que 2 años atrás, los padres de ese bebé habían hecho desaparecer otra bebita recién nacida, probablemente de la misma manera. Esa chiquitina no lo consiguió. Estos mal llamados padres arrojaron a sus dos hijos a un contenedor que se encuentra en la puerta de su casa.

Nunca, jamás, en toda mi vida, se me ocurrirá cuestionar cuáles son las razones que llevan a una madre a entregar a su propio hijo en adopción. Me parece una decisión dolorosa y muy valiente. Pero mi mente no llega a comprender qué puede impulsar a una madre, que ha decidido completar su embarazo, a asesinar a su propio hijo. Después de ver su carita. Después de que esa tierna manita se haya aferrado con fuerza a la suya. Asesinar a ese ser pequeño e indefenso que ya la ama con locura, que lo único que conoce de la vida es el calor de su vientre. O aún más inconcebible, abandonarlo a una muerte lenta, agónica e inmensamente cruel en la puerta de su propia casa, en un lugar que verá cada día de su vida cada vez que entre y salga de su hogar. Y que al verlo, su conciencia o lo que quede de humano en ella le reclamará una y otra vez.

Esta es una petición, más bien, un ruego, para todas aquellas madres que, valientemente, han llevado a término un embarazo que no buscaban, no deseaban, o sencillamente, llegó en un momento inadecuado.

Mamá, no lo tires a la basura.

Has llegado hasta aquí. Has soportado 9 meses de náuseas, agotamiento, pies hinchados y todo tipo de dolores. Cargas en tu cuerpo las marcas imborrables de ese embarazo. Has soportado también 9 meses de miedo, desesperación, frustración, preguntas, tal vez peleas con tu pareja. Finalmente has soportado un parto largo y doloroso, tal vez en soledad, tal vez en clandestinidad, con todo lo que ello conlleva. Has sido muy valiente. No te rindas ahora. No lo tires a la basura. No dejes que las marcas de tu cuerpo te recuerden una y otra vez la vida que creaste y arrebataste.

Solo tú conoces tu situación, tus miedos, tus circunstancias. Tal vez eres muy joven y aun no has comenzado a vivir. Tal vez tu penosa economía no te permite alimentar a más hijos, o siquiera a ti misma. Tal vez tu pareja no desea a ese pequeño en vuestra vida, y tú no lo quieres perder. Tal vez luchas con adicciones y no eres capaz de cuidar de ti, mucho menos de una nueva vida. O tal vez, simplemente, no deseas ser madre, no entraba en tus planes; no en este momento, o tal vez, nunca.

No sé qué hay en tu corazón, y no deseo juzgarlo. Lo único que sabemos tú y yo es que ese bebé no entraba en los planes, no debía llegar. Pero está aquí. Mamá, no te desesperes, hay solución. Solo, no lo tires a la basura.

Hay cientos, miles de personas, deseando tomar a tu bebé, llevarlo a su casa, y amarlo y cuidarlo como si fuera suyo.

Tu carga puede ser la bendición de alguien.

La causa de tu dolor puede ser la respuesta a las oraciones de alguien.

Lo que pensaste que destruiría tu vida puede ser el comienzo de una familia para alguien.

Solo, entrega ese tesorito en manos de quienes cuidarán de él. Nadie te preguntará, nadie te juzgará. Entregar a tu hijo no solo es legal, es un acto de amor incalculable.

La historia de esta madre contrasta con la de otra mamá que hace unos años dejó a su bebé bien alimentado, cómodo y abrigado en la puerta de una guardería, con una nota que decía lo siguiente:

“No tengo casa ni trabajo. El padre me abandonó al conocer mi embarazo. Por favor, no me juzguen. Es lo más duro que he hecho en mi vida”

¡Cuánto dolor y cuánto amor desprende esa sencilla nota! Entregar en adopción a un hijo es uno de los mayores actos de amor que una madre puede realizar.

Si deseas entregar a tu hijo en adopción, recuerda que no es un delito. Abandonarlo sí que lo es. Puedes entregarlo en el centro hospitalario en el que des a luz, o bien, puedes llamar al número de emergencias de tú país (112 si vives en España). Ellos se encargarán de todo, te asesorarán, te darán un tiempo por si cambias de opinión, y si no es así, buscarán la familia más adecuada para tu hijo.

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