Si el niño de la rabieta fuera mi hijo…

Educar hijos ajenos

Cuántas veces, a lo largo de mi vida, me he visto a mí misma observando a algún niño montar una escena en la calle, y he pensado: “Madre mía, si fuera mi hijo, yo haría…”. Cuántas veces he visto a un niño gritar, dar una mala contestación, a un adolescente deambular por caminos peligrosos, y he pensado: “Esos padres lo están haciendo mal. Yo…”.

Qué bien educaríamos todos a los hijos de los demás, ¿no es cierto?

Y tras navegar por el maravilloso, pero agotador e incierto mundo de la educación de mis dos hijas, ¡cuántas veces he tenido que lamentar aquellas palabras, aquellos pensamientos, aquellos sentimientos de superioridad y “omnisapiencia”!

En el viaje a través de mi maternidad, que ya dura bastantes años, he enseñado algunas cosas; pero he aprendido muchas más.

He aprendido que, para educar a un niño, no es suficiente estar al día de las últimas tendencias educativas y haber leído los libros más reputados. Para educar a un niño, hay que tener en cuenta su corazón, su personalidad, sus vivencias, sus anhelos más profundos, sus miedos, sus fracasos, sus complejos y traumas, su entorno, su historia familiar… Eso es algo que solo los padres, en un vínculo profundo de amor y confianza, pueden conocer. Y requiere tiempo, mucho tiempo. Por eso, nadie tiene derecho a acercarse a una familia ofreciendo “fórmulas mágicas” para la educación de los niños.

He aprendido que solo un padre o una madre saben lo que sucede dentro de su hogar. Solo ellos conocen los esfuerzos realizados, las largas charlas en la cocina, las horas pasadas en oración buscando la dirección del Padre, las noches sin dormir, las lágrimas derramadas…

He aprendido que el espacio de una familia es sagrado, y nadie tiene derecho a entrar en él si no ha sido invitado.

Y respetar el espacio íntimo de una familia no es únicamente no criticar en su presencia; también es no criticar en su ausencia, no hablar con terceras personas de asuntos que solo a la familia conciernen, no creernos superiores o con soluciones “mágicas”… Es confiar en que esos padres están dando todo de sí para educar a esos niños de la mejor manera que pueden, y que todo lo que hacen, cuando aciertan y cuando yerran, es buscando su bien. En definitiva, es tener la humildad de reconocer que, aunque creamos saber mucho, en realidad, no sabemos nada.

Si estás siendo criticado en la educación de tus hijos, cierra tus oídos, y sigue caminando. Sigue trabajando, sigue orando, sigue amando. La educación es un trabajo arduo y muy largo, que requiere enormes dosis de constancia y paciencia; y cuyos frutos muchas veces no podremos ver hasta muchos años después. No te dejes desanimar.

Si es necesario, defiende la intimidad de tu familia con uñas y dientes; no dejes que nadie se inmiscuya si no ha sido invitado. Podemos leer, podemos escuchar los consejos bienintencionados de personas con experiencia que nos aman de verdad. Pero nadie conoce a nuestra familia, a nuestros hijos, mejor que nosotros. Y si buscamos la sabiduría que viene de Dios, nadie podrá educarlos mejor que nosotros.

Y si eres tú quien critica, por favor, deja de hacerlo. Dejemos de hacerlo. Dejemos de creer que poseemos una verdad universal e infalible, de ofrecer consejos no solicitados, de hablar con otras personas de asuntos que no nos pertenecen en absoluto… Dejemos de profanar la intimidad de las familias. Enfoquemos nuestra atención y todos nuestros esfuerzos en la educación de nuestros propios hijos, tratando por todos los medios de quitar la viga de nuestro propio ojo. Si dedicamos a esta sagrada tarea la atención y el tiempo que se merece, no debería quedarnos tiempo para imaginar cómo educaríamos a los hijos de los demás.

Nuestro trabajo no es juzgar, opinar ni criticar; es ofrecer apoyo, cariño, y una mano amiga y laboriosa si llega la necesidad.

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Posavasos cítricos DIY

Posavasos citricos

Ya ha empezado el Verano. La época del año que más invita a relajarse y pasar tiempo en familia haciendo actividades divertidas.

Aquí tenéis unos posavasos DIY que nos propone la web Purl Soho, divertidos, llenos de color y perfectos para decorar nuestra mesa en Verano.  Son muy sencillo de hacer, y los niños pueden practicar habilidades como recortar o coser.

Los únicos materiales que necesitamos son:

  • Telas de fieltro de distintos colores.
  • Hilo y aguja.
  • Alfileres (opcional).

Para hacer cada posavasos, recortamos 2 círculos de color, 1 círculo blanco un poco más pequeño, y 8 pequeños triángulos que serán los gajitos. Después, colocamos cada pieza en su lugar, sujetamos con alfileres para que nada se mueva, y vamos cosiendo a mano cada gajito.

Podéis entrar aquí para ver el tutorial completo y seguir foto a foto todo el proceso. ¡Que os divirtáis!

Alfabeto móvil Montessori DIY

Alfabeto movil Montessori DIY

Los alfabetos móviles son una forma excelente de introducir a los niños pequeños en la lectoescritura. Simplemente jugando con las letras en libertad se van familiarizando con las grafías, además de asociar la lectura a momentos lúdicos. Si además jugamos con ellos, podemos trabajar de forma sencilla y divertida la discriminación fonológica. También serán capaces de formar palabras antes de que su motricidad esté lo bastante desarrollada para escribirlas. Los niños lo disfrutan muchísimo a partir de los 3 años, aunque por supuesto podemos introducirlo antes. Lo importante es adaptarnos al ritmo y a los intereses del niño, y hacer que la experiencia de aprendizaje sea divertida, motivadora, y creadora de lazos emocionales.

Podemos encontrar alfabetos móviles Montessori con mucha facilidad en internet (su precio puede rondar de los 50 a los 120€ aproximadamente).

Pero si os apetece dedicar algo de tiempo a hacer vosotros mismos vuestro alfabeto, disfrutaréis de una actividad manual en familia súper divertida, y al mismo tiempo, conseguiréis un alfabeto por mucho menos dinero, que siempre viene bien 😉 (el nuestro nos costó menos de 20€).

Aquí os cuento cómo hicimos nuestro alfabeto de una manera muy sencilla:

  • Compramos un alfabeto de madera en Amazon (me gusta la madera por la experiencia sensorial que proporciona). Hay muchos diferentes. Nosotros escogimos este porque tiene una caja en la que las letras quedan clasificadas. Así, los niños pueden ver todas las letras con un solo golpe de vista. Hay 5 piezas de cada letra, el tamaño es adecuado (pequeñitas pero suficiente), y la calidad es buena, bien lijadas y sin astillas.

Alfabeto 1 - Copy

Alfabeto 2

Alfabeto 3

Alfabeto 4

  • Después hay que pintar las letras en diferentes colores. Para ello, separamos las letras en 3 montones:
    1. En el primero ponemos una unidad de cada letra. Estas las pintaremos de color negro, y después las pegaremos en la caja, para saber en qué casilla hay que guardar cada letra.
    2. En el segundo pondremos las vocales, que pintaremos de azul.
    3. Y en el tercero pondremos las consonantes, que pintaremos de rojo.

Alfabeto 5

  • Ponemos las letras sobre un cartón, las pintamos, y las dejamos secar.

Alfabeto 6

Alfabeto 7

Se secan rápidamente (alrededor de 1 hora) y quedan así:

Alfabeto 8

Alfabeto 9

Alfabeto 10

  • Pegamos las letras negras en la caja, usando un pegamento especial para madera u otro pegamento fuerte tipo super-glue.

Alfabeto 11

Alfabeto 12

  • Si queremos, en este punto nuestro alfabeto está terminado. Pero yo quise convertir las letras en magnéticas. Para eso compré una cinta adhesiva magnética. Solo hay que cortar trozos pequeños y pegarlos en la parte de atrás de las letras.

Alfabeto 13

Alfabeto 14

Como los trozos magnéticos son pequeños, la fuerza magnética no es muy fuerte. No sirve para usar las letras en una pizarra vertical. Pero sí para que no se muevan cuando las usemos en una horizontal o ligeramente inclinada.

  • Por último, colocamos las letras en su sitio.

Alfabeto 15

Alfabeto 16

¡Y ya tenemos nuestro alfabeto listo para usar!

Alfabeto 17

Si mi hij@ se casa con el tuy@

Hijo se casa

Esta es una pequeña reflexión que comparte Em en su blog Teach me to Braid, y me encantó, porque me dio una nueva perspectiva de la educación que nos muestra que su influencia llega mucho más lejos de lo que muchas veces pensamos.

Solo quiero que sepas que estoy orando por ti.

Cuando estoy despierta en mitad de la noche (alimentando bebés, acunando cólicos, dando Dalsy a pequeños con fiebre, arropando piececitos traviesos, tapando peluches bajo pequeños bracitos…), pienso en ti. Porque es muy posible que tú estés despierta también, hacienda cosas parecidas. Cuidando de niños pequeños que yo ya amo, porque algún día poseerán los corazones que esta noche laten junto a mi pecho.

Oro para que te mantengas firme frente a las presiones para sobre-comprometeros y sobrecargar vuestro horario, que harás callar las voces que te dicen que no estás hacienda suficiente, que tus hijos no están hacienda suficiente.

Oro para que los lleves a la iglesia… para que las madres y padres de nuestros futuros nietos hayan crecido sabiendo lo que significa adorar, incluso si eso significa perderse el torneo de baloncesto o una noche durmiendo en casa de amigos.

Oro para que tu amor y compromiso con tu esposo o esposa aumente cada año que paséis juntos; que cada día amarás más el legado que estás creando, tanto como amas a la persona con quien lo estás creando.

Oro para que les hagas muchísimas fotos, para que un día yo pueda ver de dónde han sacado nuestros nietos esas orejitas tan graciosas y esas sonrisas traviesas.

Oro para que Jesús te dé cada día la fuerza suficiente para aguantar, pero no tanta que te haga olvidar Quién te dio esa fuerza.

Oro para que algún día seamos amigas.

¿Podrías orar por mí también?

Realmente yo no oro por tus hijos. Tal vez debería. Mi esposo sí lo hace, y creo que es maravilloso. Pero seguramente tus hijos están bien. Y seguramente, muchas veces, tú no. Probablemente, si te pareces a mí, estés muy cansada. Y algunos días, desanimada. Algunas veces, tu temperamento estalla, tu orgullo gana, y tu sonrisa es falsa. A veces olvidas cambiar el pañal del bebé, pasar tiempo haciendo tonterías con tu pequeño, ver de verdad a tu esposo. Así que es por ti por quien estoy orando ahora mismo, en la oscuridad, con este puñito de bebé bajo mi barbilla, y esta dulce y soñoliento respiración en mi oído. Ojalá sientas estas oraciones cuando más las necesites.

Estamos en esto juntas, tú y yo. Estamos construyendo algo hermoso con cada camisita doblada, cada pupa besada y cada historia contada.

No sabes cuánto significa para mí que les des a tus hijos todo lo que tienes cada día… incluso los días en los que, lo que tienes, no es mucho. Porque tu hij@ se dormirá junto al mí@ durante unos 50 años. Tu hij@ estará cogiendo la mano del mí@ cuando nazca nuestro primer nieto. Y cuando enfrenten los días más oscuros de sus vidas, serán tu hij@ y el mí@, enfrentándose a la batalla juntos.

Estoy segura que nuestros días más largos (esos que están llenos de tirones de pelo, desastres imposibles y rabietas), son los días en los que estamos moldeando corazones. Y algún día, uno de esos corazones que estoy ayudando a moldear se enamorará de uno de los corazones que tú estás moldeando con amor, y lo que resulte de esa sacudida… depende un poco de nosotras.

Oro para que abraces muy fuerte a tu hijo cuando se sienta triste o solo o asustado. Porque algún día, mi hija (ya mayor y con sus propios bebés) se sentirá triste o sola o asustada. Y él debe saber cómo sostenerla. Enséñale.

Y deja que tus hijas escuchen de ti palabras virtuosas, que traigan vida y esperanza. Porque algún día, mi hijo estará desgastado y cansado, y las palabras que estás colocando en la mente de tu hija hoy, se convertirán en al bálsamo para el alma de mi hijo.

Estoy esforzándome por hacer lo mismo. Y algunas veces… muchas veces… fallo. Ora por mí también.

Algún día nos sentaremos frente a un altar… muy elegantes y con montones de pañuelos en nuestra mano. Veremos a nuestros traviesos, pegajosos y dulces bebés transformarse, de alguna manera, en novios y novias, y hacer las mismas promesas que nosotras hemos mantenido… contra todo pronóstico y solo por Su gracia. Y veremos a esos niños crear sus propias familias con los ingredientes que les hemos dado. Los ingredientes que estamos deslizando en sus almas hoy.

Pero hasta entonces, estoy aquí sentada en la oscuridad con un bebé en mis brazos.

Y estoy orando por ti.

Aquí podéis leer el artículo original.