Gymkana de palabras (para potenciar la lectura en preescolares)

Gymkana de palabras

Cuando iniciamos a los niños en la lecto-escritura, nuestro objetivo principal no es que los niños consigan unir letras, sino que se conviertan en lectores. Que la lectura nunca sea una carga ni una actividad tediosa, sino que lleguen a amarla y a disfrutar con ella.

Para conseguirlo, es muy importante que basemos nuestras prácticas de lectura en actividades reales, relacionadas con la vida diaria, y con objetivos prácticos y muy motivadores.

Una actividad muy sencilla que podemos realizar cuando los niños comienzan a captar el concepto de lectura, y empiezan a ser capaces de unir letras, es la Gymkana de Palabras. Con ella conseguiremos ofrecer a los niños una fuerte motivación para esforzarse a leer algunas palabras.

Solo necesitamos pequeños trozos de papel en los que escribiremos las pistas, y un “premio” que será el “tesoro” que tendrán que buscar.

El tesoro puede ser cualquier cosa que se nos ocurra que le pueda hacer ilusión al peque: un chocolate, un juego educativo, incluso algo que hagamos nosotros. Para nuestra primera gymkana yo hice una pequeña libretita (porque le encantan las cosas en miniatura J) usando tan solo papeles de colores y goma EVA. Me quedó así:

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Para el tesoro, el único límite es la imaginación.

Después, prepararemos las pistas. En cada papel ponemos el nombre de un lugar de la casa. Tanto el número de pistas como la dificultad de las palabras dependerán del nivel de lectura en el que está el niño.

Podemos escribirlas a mano o imprimirlas. En este caso, yo opté por escribirlas a mano siguiendo la metodología Montessori (consonantes en rojo y vocales en azul).

Nuestras pistas fueron pocas y con palabras sencillas, ya que nos estamos iniciando en la lectura:

  • Cama.
  • Mesa de comer.
  • Tele.
  • Nevera.
  • Bañera.
  • Niko.
  • Sofá.

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Al día siguiente podemos volver a hacer la gymkana con las mismas pistas pero en diferente orden. De esta manera las palabras ya les suenan del día anterior y le resulta más fácil leerlas usando el contexto. Después, podemos ir inventando nuevas gymkanas, usar diferentes zonas de la casa, palabras más complejas, listas más largas… según vayan avanzando en su nivel de lectura.

Aprender a leer jugando es el motivador más fuerte que podemos encontrar. Encontrar el tesoro es una motivación y una alegría enorme para ellos. Se esfuerzan en leer con un entusiasmo que ojalá les dure toda la vida.

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Máquina de sumar DIY para preescolares

Maquina de sumar

Hoy os presento la máquina de sumar que hemos hecho en casa. Podemos utilizarla desde los 4 ó 5 años. Con ella, los niños empiezan a comprender el concepto de “suma” (añadir una cantidad a otra o juntar varias cantidades) mientras se divierten jugando con materiales manipulativos.

Como siempre, está elaborada con materiales que tenemos en casa o que son muy fáciles y baratos de conseguir.

MATERIALES:

  • Caja de cartón mediana.
  • Tubos de papel higiénico.
  • Pequeños botecitos de cartón.
  • Goma EVA o cartulinas.
  • Cinta de embalar o de pintor.
  • Papel de regalo, papel de scrapbook o témperas (opcional).
  • Cuentas de manualidades o pompones pequeños.
  • Tijeras.
  • Cúter.
  • Pegamento.
  • Cola fuerte o silicona caliente.
  • Rotulador.
  • Cinta adhesiva de imán o velcro adhesivo.
  • Papel de plastificar.

PASOS:

Primero, escogemos la caja. No es necesario que sea muy grande. La que yo escogí  era blanca, para no tener que complicarme demasiado decorándola. La decoración, por supuesto, es opcional, y dependerá del niño, de sus gustos, y del tiempo y las ganas que tengamos 😉 Cualquier caja no demasiado grande servirá.

Para darle forma, primero cortamos con un cúter la tapa delantera, dejando un pequeño borde inferior, y la reservamos para usarla después.

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Después, cortamos también los laterales, dejando un borde inferior del mismo ancho que el delantero. Por último, cortamos la lengüeta posterior.

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Nos quedará así:

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Pegamos la tapa delantera que hemos reservado sobre la tapa trasera, para que quede así:

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Para evitar que los niños se corten con el cartón, pegamos cinta de embalar o de pintor en los bordes.

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Ahora colocamos los accesorios que nos ayudarán a realizar las sumas.  Para al recipiente principal en el que caerán las cuentas yo utilicé un bote vacío de Pringles y lo forré con papel de Scrapbook. Puede servirnos cualquier botecito de cartón.

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En las esquinas laterales colocamos 2 botecitos más pequeños para almacenar las cuentas (yo usé botecitos de siembra).

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Cuando lo pegamos todo, queda así:

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Ahora preparamos los “toboganes” por los que se deslizarán las cuentas. Usamos 2 tubos de papel higiénico. Para decorarlos, yo los plastifiqué con papel de scrapbook. También podemos pintarlos, o dejarlos como están. Los pegamos con silicona caliente o con cola fuerte, y quedará así:

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En la parte superior ponemos el nombre “Máquina de sumar” con letras de goma EVA o de cartulina.

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En el borde del cajón delineamos los espacios donde colocaremos los números para realizar la suma y pegamos cinta adhesiva de imán o velcro adhesivo.

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Por último, ponemos cuentas de manualidades o pompones de 2 colores en los botecitos reservados para ello, y ya tenemos la máquina terminada.

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Ahora preparamos los números para las sumas. Adaptaremos las cantidades al nivel de los niños. Aquí podéis descargar la plantilla de números hasta el 20. Para que sean más resistentes, podemos pegarlos en cartulinas y plastificarlos.

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Por detrás les ponemos imán o velcro.

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Y ya estamos listos para sumar.

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¿CÓMO LO HAREMOS?

Escogemos las 2 cantidades que queremos sumar, y las ponemos en la máquina de sumar para poder verlas. Cogemos del botecito de la izquierda la cantidad de cuentas o pompones que indica la primera cifra, y las tiramos por el tobogán de la izquierda, para que caigan en el bote centra. Después hacemos lo mismo con las cuentas de la derecha; cogemos las que indica la cifra de la derecha y las dejamos caer por el tobogán de la derecha.

Todas se habrán juntado en el bote central. Ahora solo tenemos que contarlas, buscar la cifra del resultado entre los números, y colocarlo en su lugar para que la suma esté completa.

 

Así de fácil y divertido es aprender a sumar jugando 😉

¿Viven los niños homeschoolers en una burbuja?

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Esa es posiblemente la principal crítica que reciben las familias homeschoolers. Que los niños crecen en una burbuja, en una especie de “realidad paralela” que no tiene parecido con el mundo real.

¿Será cierto eso?

Para poder responder a esta pregunta necesitamos analizar cómo es la infancia de un niño homeschooler:

Los niños que aprenden en familia generalmente pasan sus primeros años sin seguir horarios fijos ni una rutina establecida ni estricta. Sus ritmos biológicos marcan a qué hora se levantan y a qué hora se acuestan. Y dedican la mayor parte del día a jugar.

No tienen estrés, prisas ni plazos de entrega.

Aprenden a su propio ritmo, y dedican la mayor parte de sus esfuerzos y de su tiempo a investigar y aprender sobre las cosas que más les gustan.

No realizan exámenes ni pruebas estandarizadas. No miden sus progresos ni su aprendizaje a través de un número. No comparan su trabajo ni su rendimiento con el trabajo y el rendimiento de los demás, y nadie se compara con ellos. No son penalizados por los errores que cometen, y tienen infinitas posibilidades para intentar algo hasta que consiguen hacerlo bien.

Los estudios no son el centro de su vida ni de su tiempo. Son una parte más, junto con la colaboración en las tareas de la casa, la ayuda a los demás, y el juego, toneladas de tiempo para jugar.

Están rodeados de amistades positivas. No sufren discriminación ni son rechazados por realizar su trabajo peor que los demás o mejor que los demás. Suelen tener un adulto cerca al que recurrir como mediador cuando no pueden resolver sus conflictos. No tienen la menor idea de lo que es el bullying.

Disponen de mucho tiempo libre, a veces hasta el aburrimiento. Aburrimiento que muchas veces termina generando una genialidad. Otras veces, alguna que otra trastada.

Pasan en familia cantidades ingentes de tiempo, creando lazos que durarán toda la vida. El entorno en el que son amados incondicionalmente y el entorno en el que aprenden se fusionan en uno solo, de manera que crecen sabiéndose amados a pesar de su conducta o de su rendimiento.

 

Así que, después de analizar lo anterior, no me queda más remedio que admitir que sí; los niños homeschoolers efectivamente pasan su infancia en una burbuja.

Pero la pregunta realmente importante es: ¿es malo que los niños pasen su infancia en una burbuja? ¿Les perjudica o les dificulta su adaptación al “mundo real” en su vida adulta?

O tal vez… tal vez sea todo lo contrario.

Porque, ¿cómo les afecta el hecho de pasar su infancia en una burbuja?

Para empezar, el que durante sus primeros años de vida sus ritmos biológicos sean respetados y no sufran ningún tipo de estrés ni ansiedad fortalece su sistema nervioso y su sistema inmunológico hasta niveles que aun se están estudiando. El cortisol (la hormona del estrés), necesaria en dosis bajas pero destructora del sistema nervioso en dosis altas, no debería aparecer en la vida del niño hasta que su sistema nervioso esté lo bastante desarrollado y fortalecido para hacerle frente. Por lo tanto, un niño que no ha sufrido subidas de cortisol durante su infancia tendrá más posibilidades de convertirse en un adulto más estable y fuerte psicológica y emocionalmente.

El no estar sometidos a exámenes ni pruebas estandarizadas, el no asociar su valor a un número, el no ser comparados con otros niños… hace que su autoestima crezca fuerte y saludable en unos años que son vitales para ello. No asocian su autoconcepto a su rendimiento escolar. Cuidar y proteger la autoestima de nuestros hijos es una de nuestras principales responsabilidades, ya que, lo que lograrán en la vida no depende de lo que aprendan en el colegio, sino de lo que se crean capaces de conseguir.

No tienen miedo a equivocarse, porque nunca se les ha penalizado por ello. Saben que equivocarse forma parte del aprendizaje, y no les frustra tratar de hacer algo una y otra vez hasta dominarlo. Por la misma razón, que otra persona se equivoque no es motivo de burla o desprecio.

La falta de competitividad hace que no sientan la necesidad de ser mejores que los demás, sino que buscan ser la mejor versión de sí mismos. Aprenden a sentir satisfacción por el trabajo bien hecho. El éxito ajeno no es una amenaza para ellos, por lo que desarrollan una mayor capacidad de empatía, de solidaridad y de ayuda a los demás.

Tienen el tiempo y la ocasión para estar en profundo contacto consigo mismos, para conocerse y descubrir qué les gusta y se les da bien: sus dones. Y para desarrollarlos. De esta manera, en muchas ocasiones desarrollan vocaciones tempranas, saben muy bien lo que quieren y aprenden a luchar por ello. Su aprendizaje está cargado de emoción, que es el pilar básico del mismo (como la neurociencia está demostrando en estos tiempos).

Al haber crecido en ambientes muy diversos, rodeados de personas distintas y con obligaciones muy variadas, desarrollan un gran sentido de la responsabilidad.

La enorme cantidad de tiempo del que disponen para jugar y para aburrirse los hace enormemente creativos.

Sus relaciones sociales son saludables. La discriminación o el rechazo no forman parte de sus opciones; ni para ejercerlos, ni para sufrirlos. No contemplan la posibilidad de ser crueles con los demás, porque no han crecido en un entorno en el que eso ocurra, en el que el abusador sea el líder del grupo. Y tampoco están dispuestos a dejarse someter, porque su autoestima saludable no se lo permite. En su edad adulta muy probablemente se rodearán de sanas compañías y se levantarán en defensa del débil.

Aunque es básico que los niños tengan la ocasión y la oportunidad de resolver sus conflictos sin necesidad de que medien los adultos, es algo muy positivo que casi siempre haya uno cerca observando lo que sucede. Especialmente en la etapa de infantil y primaria, pretender que los niños están capacitados para resolver sus conflictos es una utopía. No disponen de todas las herramientas sociales ni psicológicas que necesitan. Aún están desarrollándolas (¡son niños!). Por eso es básico que un adulto esté presente en todo momento para impedir que un niño sufra, no solo un daño físico (que es cuando los adultos solemos intervenir), sino también, y lo que es más importante, un daño emocional o un ataque a su autoestima que puede dejarle secuelas de por vida. Los niños pequeños se están formando una idea de quiénes son y cuál es su valía a través de su interacción con el medio y las personas que les rodean, y como dijimos anteriormente, su autoestima es uno de sus bienes más preciados, y debe ser protegida a toda costa.

Los fuertes lazos creados con su familia son un escudo durante la adolescencia. Podrán pasar sus crisis, como cualquier adolescente. Pero no se sentirán aislados ni incomprendidos. Tendrán el recuerdo de ese dulce refugio al que pueden acudir siempre que lo deseen.  Porque habrán experimentado aceptación y amor incondicional cada minuto de cada día durante su infancia.

Y ese recuerdo les durará toda la vida.

 

El homeschooling no es garantía de que los niños se convertirán en adultos sanos, emocionalmente estables, con autoestima saludable, responsables, trabajadores, respetuosos y solidarios. Pero sin duda les estaremos proporcionando muchas más herramientas para que lo consigan.

Y no, no nos preocupemos, no es una burbuja hermética. A pesar de ella, los niños conocen el “mundo real”. Tienen primos, amigos, salen a la calle, se relacionan con todo tipo de gente, ven a sus padres salir a trabajar, participan en competiciones deportivas (donde a veces ganan y a veces pierden), miran la televisión… Aprenderán que existen los exámenes de acceso a la universidad, las notas de corte, las entrevistas de trabajo, los plazos de entrega, los despertadores… Y cuando llegue el momento de enfrentarse a todo ello, estarán preparados.

Así que, podemos decir con orgullo que nuestros hijos están creciendo en una burbuja. Una bendita burbuja que desearía que todos los niños del mundo pudieran experimentar.

Tarjetas para conteo DIY

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Una de las primeras cosas que nuestros pequeños aprenden, son los números. Les encanta contarlo todo, y repetir los números de carrerilla. Y pronto vemos a los padres “compitiendo” entre sí:

-“Mi hijo ya cuenta hasta 20”.

-“Pues el mío ya cuenta hasta 100”.

Todos muy orgullosos, como debe ser.

Pero es importante recordar que, el que un niño pueda repetir los números de carrerilla, no significa que sepa contar. Para saber contar es necesario que dominen los principios básicos del conteo, que son 5:

  1. Correspondencia 1 a 1.
  2. Orden estable.
  3. Cardinalidad
  4. Abstracción.
  5. Irrelevancia en el orden.

Para dominar estos principios no es necesario que sean capaces de repetir los números hasta cifras elevadas, sino que cuenten pequeñas cantidades de objetos, muy diversos y en diferentes situaciones.

La vida nos provee infinidad de situaciones en las que debemos contar, y que podemos aprovechar. Pero hoy, además, os explico cómo elaborar un material muy sencillo para que los peques puedan practicar el conteo, y de paso, practicar la psicomotricidad fina. Podemos utilizarlo desde los 2 años, empezando con pocos números, y vamos ampliando según van creciendo.

Se trata de unas tarjetas que tienen 2 niveles de dificultad, para adaptar según el niño va creciendo y dominando el tema.

Como siempre, utilizamos materiales muy sencillos, que tenemos en casa, o que son fáciles de conseguir.

MATERIALES

  • Folios de 2 colores.
  • Cartulinas
  • Papel de plastificar.
  • Números impresos.
  • Pegatinas.
  • Pegamento.
  • Tijeras.
  • Pinzas de tender.

Hacer las tarjetas es muy sencillo. Primero, recortamos rectángulos de los folios de colores, de aproximadamente 10 x 4cm  (tantos de cada color como números queramos trabajar). También recortamos rectángulos de cartulina de esa misma medida.

En cada rectángulo de cartulina pegamos un rectángulo de folio de cada color en cada lado.

Después pegamos en cada lado de la tarjeta un número por delante y por detrás (el mismo número en ambos lados).

En uno de los colores, ponemos tantas pegatinas como el número de la tarjeta indica. En el otro lado, no pondremos pegatinas.

Para hacer las tarjetas más resistentes, podemos plastificarlas.

Quedarán así:

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Ya solo nos queda conseguir unas cuantas pinzas de tender, y empezar a jugar.

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Tenemos que enganchar tantas pinzas como indica el número.

El lado que tiene las pegatinas es el nivel fácil, ya que las pegatinas indican al niño cuántas pinzas debe poner.

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Cuando ya dominan este nivel, podemos jugar por el otro lado, en el que ya no tendrán la pista de las pegatinas.

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¡Con este juego pueden pasar rato y rato sin darse ni cuenta!

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¡Feliz aprendizaje!

Organizador de actividades DIY

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Hoy os muestro de qué forma tan sencilla podemos hacer un organizador de actividades personalizado para los niños.

Este organizador sirve tanto para organizar actividades (de aprendizaje, solidarias o de colaboración…) como tareas en casa (hacer la cama, limpiar el polvo, poner el lavavajillas…); y se puede utilizar en todas las edades.

Nosotros lo utilizamos para las actividades de aprendizaje. En nuestro organizador hay dos columnas. En la primera están las actividades que mi hija debe hacer a lo largo de la mañana. Ella decide por dónde empieza y cuándo quiere hacerlas, pero sabe que a lo largo de la mañana deben estar hechas. Y en la segunda colocamos esas actividades cuando ya las ha realizado.

Aunque para nosotros aprender sigue siendo un juego, es importante que, según van creciendo, los niños sean conscientes de que hay ciertas actividades que debe realizar a lo largo del día, que tiene ciertas responsabilidades. Así, potenciamos varias habilidades o cualidades positivas:

  • Los niños son conscientes de su propio aprendizaje y empiezan a desarrollar responsabilidad respecto a él.
  • Aprenden a gestionar su tiempo.
  • Reciben refuerzo positivo al “marcar” como realizadas las actividades o tareas terminadas. Así descubren la satisfacción del trabajo bien hecho por el mero hecho de hacerlo, sin necesidad de premios ni “chantajes.

Hay mil formas de hacer un organizador de tareas; solo hay que dejar volar la imaginación. Nosotras lo hicimos de esta manera tan sencilla:

MATERIALES:

  • Tablón de anuncios de corcho.
  • Goma EVA blanca con purpurina.
  • Hojas de scrapbook.
  • Cordón.
  • Chinchetas
  • Pinzas pequeñas de manualidades.
  1. Para personalizar el organizador, hacemos una guirnalda de banderines con el nombre del niño. Cortamos banderines pequeñitos de papel de scrapbook; un banderín para cada letra. Recortamos las letras de su nombre en goma EVA y pegamos una letra en cada banderín.dscn8183

  2. Pegamos los banderines en el cordón formando el nombre del niño. Y pegamos la guirnalda en la parte de arriba del tablón. dscn8182

  3. Escribimos o imprimimos 2 pequeños carteles para las dos columnas: uno que diga “Para hacer” y otro que diga “Hecho”.

  4. Cortamos trozos de cordón y los clavamos en el tablón como si fuesen pequeñas cuerdas de tender ropa. Formamos 2 columnas con ellos.  Colocamos pinzas en los cordones.   dscn8190dscn8192

  5. La columna “Para hacer” es más ancha, porque de esa manera tenemos la posibilidad de proponer 2 actividades para que el niño elija 1.

  6. El organizador ya está terminado.    dscn8177dscn8199

  7. Solo queda colocar tarjetas con las actividades propuestas. Si el niño todavía no lee, usaremos dibujos o fotografías. Si ya lee, podemos poner el nombre de la actividad. dscn8202

¡Listo! Ya solo nos queda crecer disfrutando del trabajo bien hecho.

Rincón de lectura Montessori DIY

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Os presento un tutorial muy sencillo sobre cómo hacer un rincón de lectura inspirado en la pedagogía Montessori. Es muy fácil de hacer, y muy muy económico, lo cual también es importante.

Antes que nada os voy a explicar por qué he escogido Montessori para inspirarme a la hora de crear nuestro rincón de lectura. En las estanterías convencionales, los libros están colocados uno al lado del otro, dejando a la vista tan solo el lomo. Esto dificulta mucho a los niños identificar qué libros hay , y sobre todo, sentirse atraídos hacia la lectura. En cambio, en las estanterías Montessori los libros están colocado de frente, de forma que la portada queda a la vista. De esta manera, de un golpe de vista los niños pueden ver los libros y escoger qué quieren leer. Los libros parece que les miran, y casi les llaman 🙂 Este sistema potencia mucho la lectura espontánea, incluso antes de que sepan leer. De hecho, mientras colocábamos nuestros viejos libros en el nuevo rincón, mi hija iba gritando de felicidad al “descubrir” libros que llevaban meses en la estantería y ya no se acordaba de ellos. Se ilusionó como si fueran nuevos.

Nosotros decidimos aprovechar para el rincón la vieja cuna de la peque, que le añade un componente emocional muy especial.

Aquí tenéis los pasos:

  • Quitamos una de las barras laterales de la cuna (solo podremos hacerlo con cunas cuyo somier se apoye en el cabecero y en los pies). Colocamos el somier en el nivel más bajo, para que al niño le resulte fácil sentarse.dscn7390-1
  • Arreglamos el sillón de lectura con mantas y cojines para hacerlo acogedor.dscn7396-1
  • Para hacer los estantes utilizamos especieros de Ikea.

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  • Para pegar los especieros podemos utilizar cinta adhesiva de doble cara. Cuanta más pongamos, más fuertes quedarán los estantes, lo cual es importante dado que los niños estarán constantemente cogiendo y dejando libros.

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  • Pegamos los estantes en la cuna distribuidos según nos guste más. Nosotros colocamos 2 en la parte interior y 2 en la exterior, teniendo en cuenta dejar suficiente espacio para colocar libros altos en algunos estantes.

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  • Colocamos en los barrotes algunos ganchos de cocina, también de Ikea, para colocar libros de una manera diferente.

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  • Escogemos algunos libros y los colocamos en los estantes. Debemos tener en cuenta poner los libros más grandes detrás, y los pequeños delante. De esta forma la mayor parte de la portada queda visible.

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  • Colgamos algunos libros en los ganchos.

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  • Por último, dejamos los libros que no caben en una caja junto al sillón. De esta forma también están al alcance del niño. De vez en cuando, podemos ir cambiando los libros de los estantes por algunos del cajón, para que siempre haya novedades a la vista.

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Y de esta forma tan sencilla y económica tenemos un rincón de lectura acogedor y emotivo que nos ayudará en nuestro objetivo de crear lectores felices, y no tan solo niños que sepan juntar letras.

¡Feliz lectura!

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Alfabeto móvil Montessori DIY

Alfabeto movil Montessori DIY

Los alfabetos móviles son una forma excelente de introducir a los niños pequeños en la lectoescritura. Simplemente jugando con las letras en libertad se van familiarizando con las grafías, además de asociar la lectura a momentos lúdicos. Si además jugamos con ellos, podemos trabajar de forma sencilla y divertida la discriminación fonológica. También serán capaces de formar palabras antes de que su motricidad esté lo bastante desarrollada para escribirlas. Los niños lo disfrutan muchísimo a partir de los 3 años, aunque por supuesto podemos introducirlo antes. Lo importante es adaptarnos al ritmo y a los intereses del niño, y hacer que la experiencia de aprendizaje sea divertida, motivadora, y creadora de lazos emocionales.

Podemos encontrar alfabetos móviles Montessori con mucha facilidad en internet (su precio puede rondar de los 50 a los 120€ aproximadamente).

Pero si os apetece dedicar algo de tiempo a hacer vosotros mismos vuestro alfabeto, disfrutaréis de una actividad manual en familia súper divertida, y al mismo tiempo, conseguiréis un alfabeto por mucho menos dinero, que siempre viene bien 😉 (el nuestro nos costó menos de 20€).

Aquí os cuento cómo hicimos nuestro alfabeto de una manera muy sencilla:

  • Compramos un alfabeto de madera en Amazon (me gusta la madera por la experiencia sensorial que proporciona). Hay muchos diferentes. Nosotros escogimos este porque tiene una caja en la que las letras quedan clasificadas. Así, los niños pueden ver todas las letras con un solo golpe de vista. Hay 5 piezas de cada letra, el tamaño es adecuado (pequeñitas pero suficiente), y la calidad es buena, bien lijadas y sin astillas.

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  • Después hay que pintar las letras en diferentes colores. Para ello, separamos las letras en 3 montones:
    1. En el primero ponemos una unidad de cada letra. Estas las pintaremos de color negro, y después las pegaremos en la caja, para saber en qué casilla hay que guardar cada letra.
    2. En el segundo pondremos las vocales, que pintaremos de azul.
    3. Y en el tercero pondremos las consonantes, que pintaremos de rojo.

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  • Ponemos las letras sobre un cartón, las pintamos, y las dejamos secar.

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Se secan rápidamente (alrededor de 1 hora) y quedan así:

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  • Pegamos las letras negras en la caja, usando un pegamento especial para madera u otro pegamento fuerte tipo super-glue.

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  • Si queremos, en este punto nuestro alfabeto está terminado. Pero yo quise convertir las letras en magnéticas. Para eso compré una cinta adhesiva magnética. Solo hay que cortar trozos pequeños y pegarlos en la parte de atrás de las letras.

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Como los trozos magnéticos son pequeños, la fuerza magnética no es muy fuerte. No sirve para usar las letras en una pizarra vertical. Pero sí para que no se muevan cuando las usemos en una horizontal o ligeramente inclinada.

  • Por último, colocamos las letras en su sitio.

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¡Y ya tenemos nuestro alfabeto listo para usar!

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