Tips de auto-protección para niños

Tips de autoproteccion

Aunque vivimos en un mundo maravilloso, también está lleno de peligros. Y los niños son especialmente vulnerables a algunos de ellos. Principalmente al ataque o agresión de desconocidos y también, tristemente, conocidos. Por eso, no nos queda más remedio que enseñarles a protegerse. Es nuestra responsabilidad hacerlo, pero debemos tener cuidado de hacerlo de forma que se sientan fuertes y capaces, pero nunca asustados y con miedo al mundo.

La web AnxiousToddlers.com nos da algunos consejos sobre acciones sencillas que los niños pueden realizar para autoprotegerse cuando estén en peligro o se sientan inseguros:

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Si convertimos el aprendizaje en un juego, será mucho más fácil.

Ojalá nunca necesitamos poner en práctica estos aprendizajes. Pero si llegase el momento, es mejor estar preparados.

 

 

¿Viven los niños homeschoolers en una burbuja?

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Esa es posiblemente la principal crítica que reciben las familias homeschoolers. Que los niños crecen en una burbuja, en una especie de “realidad paralela” que no tiene parecido con el mundo real.

¿Será cierto eso?

Para poder responder a esta pregunta necesitamos analizar cómo es la infancia de un niño homeschooler:

Los niños que aprenden en familia generalmente pasan sus primeros años sin seguir horarios fijos ni una rutina establecida ni estricta. Sus ritmos biológicos marcan a qué hora se levantan y a qué hora se acuestan. Y dedican la mayor parte del día a jugar.

No tienen estrés, prisas ni plazos de entrega.

Aprenden a su propio ritmo, y dedican la mayor parte de sus esfuerzos y de su tiempo a investigar y aprender sobre las cosas que más les gustan.

No realizan exámenes ni pruebas estandarizadas. No miden sus progresos ni su aprendizaje a través de un número. No comparan su trabajo ni su rendimiento con el trabajo y el rendimiento de los demás, y nadie se compara con ellos. No son penalizados por los errores que cometen, y tienen infinitas posibilidades para intentar algo hasta que consiguen hacerlo bien.

Los estudios no son el centro de su vida ni de su tiempo. Son una parte más, junto con la colaboración en las tareas de la casa, la ayuda a los demás, y el juego, toneladas de tiempo para jugar.

Están rodeados de amistades positivas. No sufren discriminación ni son rechazados por realizar su trabajo peor que los demás o mejor que los demás. Suelen tener un adulto cerca al que recurrir como mediador cuando no pueden resolver sus conflictos. No tienen la menor idea de lo que es el bullying.

Disponen de mucho tiempo libre, a veces hasta el aburrimiento. Aburrimiento que muchas veces termina generando una genialidad. Otras veces, alguna que otra trastada.

Pasan en familia cantidades ingentes de tiempo, creando lazos que durarán toda la vida. El entorno en el que son amados incondicionalmente y el entorno en el que aprenden se fusionan en uno solo, de manera que crecen sabiéndose amados a pesar de su conducta o de su rendimiento.

 

Así que, después de analizar lo anterior, no me queda más remedio que admitir que sí; los niños homeschoolers efectivamente pasan su infancia en una burbuja.

Pero la pregunta realmente importante es: ¿es malo que los niños pasen su infancia en una burbuja? ¿Les perjudica o les dificulta su adaptación al “mundo real” en su vida adulta?

O tal vez… tal vez sea todo lo contrario.

Porque, ¿cómo les afecta el hecho de pasar su infancia en una burbuja?

Para empezar, el que durante sus primeros años de vida sus ritmos biológicos sean respetados y no sufran ningún tipo de estrés ni ansiedad fortalece su sistema nervioso y su sistema inmunológico hasta niveles que aun se están estudiando. El cortisol (la hormona del estrés), necesaria en dosis bajas pero destructora del sistema nervioso en dosis altas, no debería aparecer en la vida del niño hasta que su sistema nervioso esté lo bastante desarrollado y fortalecido para hacerle frente. Por lo tanto, un niño que no ha sufrido subidas de cortisol durante su infancia tendrá más posibilidades de convertirse en un adulto más estable y fuerte psicológica y emocionalmente.

El no estar sometidos a exámenes ni pruebas estandarizadas, el no asociar su valor a un número, el no ser comparados con otros niños… hace que su autoestima crezca fuerte y saludable en unos años que son vitales para ello. No asocian su autoconcepto a su rendimiento escolar. Cuidar y proteger la autoestima de nuestros hijos es una de nuestras principales responsabilidades, ya que, lo que lograrán en la vida no depende de lo que aprendan en el colegio, sino de lo que se crean capaces de conseguir.

No tienen miedo a equivocarse, porque nunca se les ha penalizado por ello. Saben que equivocarse forma parte del aprendizaje, y no les frustra tratar de hacer algo una y otra vez hasta dominarlo. Por la misma razón, que otra persona se equivoque no es motivo de burla o desprecio.

La falta de competitividad hace que no sientan la necesidad de ser mejores que los demás, sino que buscan ser la mejor versión de sí mismos. Aprenden a sentir satisfacción por el trabajo bien hecho. El éxito ajeno no es una amenaza para ellos, por lo que desarrollan una mayor capacidad de empatía, de solidaridad y de ayuda a los demás.

Tienen el tiempo y la ocasión para estar en profundo contacto consigo mismos, para conocerse y descubrir qué les gusta y se les da bien: sus dones. Y para desarrollarlos. De esta manera, en muchas ocasiones desarrollan vocaciones tempranas, saben muy bien lo que quieren y aprenden a luchar por ello. Su aprendizaje está cargado de emoción, que es el pilar básico del mismo (como la neurociencia está demostrando en estos tiempos).

Al haber crecido en ambientes muy diversos, rodeados de personas distintas y con obligaciones muy variadas, desarrollan un gran sentido de la responsabilidad.

La enorme cantidad de tiempo del que disponen para jugar y para aburrirse los hace enormemente creativos.

Sus relaciones sociales son saludables. La discriminación o el rechazo no forman parte de sus opciones; ni para ejercerlos, ni para sufrirlos. No contemplan la posibilidad de ser crueles con los demás, porque no han crecido en un entorno en el que eso ocurra, en el que el abusador sea el líder del grupo. Y tampoco están dispuestos a dejarse someter, porque su autoestima saludable no se lo permite. En su edad adulta muy probablemente se rodearán de sanas compañías y se levantarán en defensa del débil.

Aunque es básico que los niños tengan la ocasión y la oportunidad de resolver sus conflictos sin necesidad de que medien los adultos, es algo muy positivo que casi siempre haya uno cerca observando lo que sucede. Especialmente en la etapa de infantil y primaria, pretender que los niños están capacitados para resolver sus conflictos es una utopía. No disponen de todas las herramientas sociales ni psicológicas que necesitan. Aún están desarrollándolas (¡son niños!). Por eso es básico que un adulto esté presente en todo momento para impedir que un niño sufra, no solo un daño físico (que es cuando los adultos solemos intervenir), sino también, y lo que es más importante, un daño emocional o un ataque a su autoestima que puede dejarle secuelas de por vida. Los niños pequeños se están formando una idea de quiénes son y cuál es su valía a través de su interacción con el medio y las personas que les rodean, y como dijimos anteriormente, su autoestima es uno de sus bienes más preciados, y debe ser protegida a toda costa.

Los fuertes lazos creados con su familia son un escudo durante la adolescencia. Podrán pasar sus crisis, como cualquier adolescente. Pero no se sentirán aislados ni incomprendidos. Tendrán el recuerdo de ese dulce refugio al que pueden acudir siempre que lo deseen.  Porque habrán experimentado aceptación y amor incondicional cada minuto de cada día durante su infancia.

Y ese recuerdo les durará toda la vida.

 

El homeschooling no es garantía de que los niños se convertirán en adultos sanos, emocionalmente estables, con autoestima saludable, responsables, trabajadores, respetuosos y solidarios. Pero sin duda les estaremos proporcionando muchas más herramientas para que lo consigan.

Y no, no nos preocupemos, no es una burbuja hermética. A pesar de ella, los niños conocen el “mundo real”. Tienen primos, amigos, salen a la calle, se relacionan con todo tipo de gente, ven a sus padres salir a trabajar, participan en competiciones deportivas (donde a veces ganan y a veces pierden), miran la televisión… Aprenderán que existen los exámenes de acceso a la universidad, las notas de corte, las entrevistas de trabajo, los plazos de entrega, los despertadores… Y cuando llegue el momento de enfrentarse a todo ello, estarán preparados.

Así que, podemos decir con orgullo que nuestros hijos están creciendo en una burbuja. Una bendita burbuja que desearía que todos los niños del mundo pudieran experimentar.

¿Por qué hacemos lo que hacemos? (Una reflexión sobre el homeschooling y la paternidad entregada)

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Años atrás, cuando supimos que nuestra hija pequeña sería una niña, no hubo necesidad de pensar un nombre para ella, porque su papá llevaba enamorado de un nombre desde mucho antes de que ella existiera. Pero yo quise averiguar si su nombre tenía algún significado especial. Descubrimos que tenía, no uno, sino tres significados. Los dos primeros, muy tiernos: Doncella de Dios y Prenda de Felicidad. Pero el tercero nos llamó la atención: Flecha Fuerte (o La que Vence en las Batallas). Aunque al no ser tan tierno, le dimos menos importancia; casi se nos olvidó.

Hasta hace unos meses.

Hace un tiempo, estaba navegando por uno de los blogs de educación cristiana que me gusta seguir. Habían lanzado una especie de marca comercial que se llamaba “Criando Flechas” (Raising Arrows), basada en el texto de Salmos 127: 3, 4: “He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre. Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud”.

Y de repente, el nombre de nuestra pequeña cobró un significado especial.

¿Por qué hacemos lo que hacemos? ¿Por qué dedicamos nuestra vida entera, muchas veces en exclusiva, a la crianza y la educación de nuestros hijos? ¿Por qué renunciamos a una gran parte, o en ocasiones, a toda nuestra vida profesional? ¿Por qué reorganizamos nuestra vida social? ¿Por qué dedicamos los días a realizar todo tipo de actividades, y las noches a prepararlas? ¿Por qué nos exponemos a la incomprensión social y a tener problemas legales?

¿Lo hacemos para liberar a nuestros hijos de un estrés prematuro e innecesario? Por supuesto que sí. ¿Para darles la oportunidad de que se desarrollen y aprendan a su ritmo? Claro. ¿Para que tengan tiempo de descubrir y desarrollar sus talentos? También.

Pero sobre todo, lo hacemos por una razón superior, mucho más profunda: porque nuestro mayor anhelo es que nazca en su corazón un amor profundo por Dios y por sus semejantes. Deseamos educarlos para el Reino. Deseamos que se despierten cada día de su vida con un anhelo profundo de Dios. Que hagan de Jesús su mejor amigo, consejero y guía. Que tengan un corazón sensible al sufrimiento y a la necesidad ajena. Que sueñen con encontrar la manera de mejorar las vidas que se crucen en su camino. Que sean capaces de defender sus principios, la verdad y la justicia por encima de todo.

Deseamos que sean grandes vencedores, flechas fuertes que lleven luz a un mundo que está en tinieblas.

Parafraseando a una gran educadora, soñamos con que nuestros hijos se conviertan en personas así, porque son las personas que bendicen al mundo con su existencia:

“La mayor necesidad del mundo es la de personas que no se vendan ni se compren; personas que sean sinceros y honrados en lo más íntimo de sus almas; personas que no teman dar al pecado el nombre que le corresponde; personas cuya conciencia sea tan leal al deber como la brújula al polo; personas que se mantengan de parte de la justicia aunque se desplomen los cielos.”

Y para eso necesitamos pasar cantidades ingentes de tiempo con ellos; enseñarles a ver a Dios en los pequeños detalles de la creación y en sus grandes maravillas, en contacto con la naturaleza; enseñarles a priorizar, a distinguir entre lo que es importante y lo que es imprescindible; enseñarles a disfrutar de los pequeños placeres de la vida; a valorar el trabajo bien hecho; proporcionarles oportunidades de ayudar a los demás; enseñarles a disfrutar de la compañía y la presencia de Dios.

Por eso hacemos lo que hacemos.

No es una tarea fácil. Pero tenemos a nuestro lado al Maestro de los Maestros, que tiene el mismo anhelo que nosotros, y que Su mayor sueño es abrazar a nuestros pequeños en Su Reino cuando llegue el momento.

Libros imprescindibles: “Pequeños Pasos”

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Hoy quiero presentaros un libro muy especial, de esos que son imprescindibles: “Pequeños Pasos”, escrito por una mamá increible y maravillosa amiga: Paloma Estorch.

En él, nos cuenta de una manera muy cercana y tierna sus experiencias como mamá homeschooler de 5 tesoros. Nos habla de educación, de lactancia, de colecho, de crianza con apego, de la pérdida de sus 2 angelitos… y de cómo vive ella todas esas experiencias. Vivencias con las que muchos de nosotros nos sentimos muy identificados. Pone en preciosas palabras muchos de nuestros sentimientos, miedos, frustraciones y alegrías.

Un libro altamente recomedable. Para ti, padre o madre homeschooler que educas a tus hijos en tu hogar. Y para ti también padre o madre que llevas a tus hijos a la escuela. Porque unos y otros tenemos mucho en común en la crianza, educación y amor por nuestros hijos.

¡No os lo perdáis!

Podéis comprarlo en Amazon aquí

También puedes seguir el blog de Paloma: Paideia en Familia.

Organizador de actividades DIY

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Hoy os muestro de qué forma tan sencilla podemos hacer un organizador de actividades personalizado para los niños.

Este organizador sirve tanto para organizar actividades (de aprendizaje, solidarias o de colaboración…) como tareas en casa (hacer la cama, limpiar el polvo, poner el lavavajillas…); y se puede utilizar en todas las edades.

Nosotros lo utilizamos para las actividades de aprendizaje. En nuestro organizador hay dos columnas. En la primera están las actividades que mi hija debe hacer a lo largo de la mañana. Ella decide por dónde empieza y cuándo quiere hacerlas, pero sabe que a lo largo de la mañana deben estar hechas. Y en la segunda colocamos esas actividades cuando ya las ha realizado.

Aunque para nosotros aprender sigue siendo un juego, es importante que, según van creciendo, los niños sean conscientes de que hay ciertas actividades que debe realizar a lo largo del día, que tiene ciertas responsabilidades. Así, potenciamos varias habilidades o cualidades positivas:

  • Los niños son conscientes de su propio aprendizaje y empiezan a desarrollar responsabilidad respecto a él.
  • Aprenden a gestionar su tiempo.
  • Reciben refuerzo positivo al “marcar” como realizadas las actividades o tareas terminadas. Así descubren la satisfacción del trabajo bien hecho por el mero hecho de hacerlo, sin necesidad de premios ni “chantajes.

Hay mil formas de hacer un organizador de tareas; solo hay que dejar volar la imaginación. Nosotras lo hicimos de esta manera tan sencilla:

MATERIALES:

  • Tablón de anuncios de corcho.
  • Goma EVA blanca con purpurina.
  • Hojas de scrapbook.
  • Cordón.
  • Chinchetas
  • Pinzas pequeñas de manualidades.
  1. Para personalizar el organizador, hacemos una guirnalda de banderines con el nombre del niño. Cortamos banderines pequeñitos de papel de scrapbook; un banderín para cada letra. Recortamos las letras de su nombre en goma EVA y pegamos una letra en cada banderín.dscn8183

  2. Pegamos los banderines en el cordón formando el nombre del niño. Y pegamos la guirnalda en la parte de arriba del tablón. dscn8182

  3. Escribimos o imprimimos 2 pequeños carteles para las dos columnas: uno que diga “Para hacer” y otro que diga “Hecho”.

  4. Cortamos trozos de cordón y los clavamos en el tablón como si fuesen pequeñas cuerdas de tender ropa. Formamos 2 columnas con ellos.  Colocamos pinzas en los cordones.   dscn8190dscn8192

  5. La columna “Para hacer” es más ancha, porque de esa manera tenemos la posibilidad de proponer 2 actividades para que el niño elija 1.

  6. El organizador ya está terminado.    dscn8177dscn8199

  7. Solo queda colocar tarjetas con las actividades propuestas. Si el niño todavía no lee, usaremos dibujos o fotografías. Si ya lee, podemos poner el nombre de la actividad. dscn8202

¡Listo! Ya solo nos queda crecer disfrutando del trabajo bien hecho.

Si el niño de la rabieta fuera mi hijo…

Educar hijos ajenos

Cuántas veces, a lo largo de mi vida, me he visto a mí misma observando a algún niño montar una escena en la calle, y he pensado: “Madre mía, si fuera mi hijo, yo haría…”. Cuántas veces he visto a un niño gritar, dar una mala contestación, a un adolescente deambular por caminos peligrosos, y he pensado: “Esos padres lo están haciendo mal. Yo…”.

Qué bien educaríamos todos a los hijos de los demás, ¿no es cierto?

Y tras navegar por el maravilloso, pero agotador e incierto mundo de la educación de mis dos hijas, ¡cuántas veces he tenido que lamentar aquellas palabras, aquellos pensamientos, aquellos sentimientos de superioridad y “omnisapiencia”!

En el viaje a través de mi maternidad, que ya dura bastantes años, he enseñado algunas cosas; pero he aprendido muchas más.

He aprendido que, para educar a un niño, no es suficiente estar al día de las últimas tendencias educativas y haber leído los libros más reputados. Para educar a un niño, hay que tener en cuenta su corazón, su personalidad, sus vivencias, sus anhelos más profundos, sus miedos, sus fracasos, sus complejos y traumas, su entorno, su historia familiar… Eso es algo que solo los padres, en un vínculo profundo de amor y confianza, pueden conocer. Y requiere tiempo, mucho tiempo. Por eso, nadie tiene derecho a acercarse a una familia ofreciendo “fórmulas mágicas” para la educación de los niños.

He aprendido que solo un padre o una madre saben lo que sucede dentro de su hogar. Solo ellos conocen los esfuerzos realizados, las largas charlas en la cocina, las horas pasadas en oración buscando la dirección del Padre, las noches sin dormir, las lágrimas derramadas…

He aprendido que el espacio de una familia es sagrado, y nadie tiene derecho a entrar en él si no ha sido invitado.

Y respetar el espacio íntimo de una familia no es únicamente no criticar en su presencia; también es no criticar en su ausencia, no hablar con terceras personas de asuntos que solo a la familia conciernen, no creernos superiores o con soluciones “mágicas”… Es confiar en que esos padres están dando todo de sí para educar a esos niños de la mejor manera que pueden, y que todo lo que hacen, cuando aciertan y cuando yerran, es buscando su bien. En definitiva, es tener la humildad de reconocer que, aunque creamos saber mucho, en realidad, no sabemos nada.

Si estás siendo criticado en la educación de tus hijos, cierra tus oídos, y sigue caminando. Sigue trabajando, sigue orando, sigue amando. La educación es un trabajo arduo y muy largo, que requiere enormes dosis de constancia y paciencia; y cuyos frutos muchas veces no podremos ver hasta muchos años después. No te dejes desanimar.

Si es necesario, defiende la intimidad de tu familia con uñas y dientes; no dejes que nadie se inmiscuya si no ha sido invitado. Podemos leer, podemos escuchar los consejos bienintencionados de personas con experiencia que nos aman de verdad. Pero nadie conoce a nuestra familia, a nuestros hijos, mejor que nosotros. Y si buscamos la sabiduría que viene de Dios, nadie podrá educarlos mejor que nosotros.

Y si eres tú quien critica, por favor, deja de hacerlo. Dejemos de hacerlo. Dejemos de creer que poseemos una verdad universal e infalible, de ofrecer consejos no solicitados, de hablar con otras personas de asuntos que no nos pertenecen en absoluto… Dejemos de profanar la intimidad de las familias. Enfoquemos nuestra atención y todos nuestros esfuerzos en la educación de nuestros propios hijos, tratando por todos los medios de quitar la viga de nuestro propio ojo. Si dedicamos a esta sagrada tarea la atención y el tiempo que se merece, no debería quedarnos tiempo para imaginar cómo educaríamos a los hijos de los demás.

Nuestro trabajo no es juzgar, opinar ni criticar; es ofrecer apoyo, cariño, y una mano amiga y laboriosa si llega la necesidad.

Si mi hij@ se casa con el tuy@

Hijo se casa

Esta es una pequeña reflexión que comparte Em en su blog Teach me to Braid, y me encantó, porque me dio una nueva perspectiva de la educación que nos muestra que su influencia llega mucho más lejos de lo que muchas veces pensamos.

Solo quiero que sepas que estoy orando por ti.

Cuando estoy despierta en mitad de la noche (alimentando bebés, acunando cólicos, dando Dalsy a pequeños con fiebre, arropando piececitos traviesos, tapando peluches bajo pequeños bracitos…), pienso en ti. Porque es muy posible que tú estés despierta también, hacienda cosas parecidas. Cuidando de niños pequeños que yo ya amo, porque algún día poseerán los corazones que esta noche laten junto a mi pecho.

Oro para que te mantengas firme frente a las presiones para sobre-comprometeros y sobrecargar vuestro horario, que harás callar las voces que te dicen que no estás hacienda suficiente, que tus hijos no están hacienda suficiente.

Oro para que los lleves a la iglesia… para que las madres y padres de nuestros futuros nietos hayan crecido sabiendo lo que significa adorar, incluso si eso significa perderse el torneo de baloncesto o una noche durmiendo en casa de amigos.

Oro para que tu amor y compromiso con tu esposo o esposa aumente cada año que paséis juntos; que cada día amarás más el legado que estás creando, tanto como amas a la persona con quien lo estás creando.

Oro para que les hagas muchísimas fotos, para que un día yo pueda ver de dónde han sacado nuestros nietos esas orejitas tan graciosas y esas sonrisas traviesas.

Oro para que Jesús te dé cada día la fuerza suficiente para aguantar, pero no tanta que te haga olvidar Quién te dio esa fuerza.

Oro para que algún día seamos amigas.

¿Podrías orar por mí también?

Realmente yo no oro por tus hijos. Tal vez debería. Mi esposo sí lo hace, y creo que es maravilloso. Pero seguramente tus hijos están bien. Y seguramente, muchas veces, tú no. Probablemente, si te pareces a mí, estés muy cansada. Y algunos días, desanimada. Algunas veces, tu temperamento estalla, tu orgullo gana, y tu sonrisa es falsa. A veces olvidas cambiar el pañal del bebé, pasar tiempo haciendo tonterías con tu pequeño, ver de verdad a tu esposo. Así que es por ti por quien estoy orando ahora mismo, en la oscuridad, con este puñito de bebé bajo mi barbilla, y esta dulce y soñoliento respiración en mi oído. Ojalá sientas estas oraciones cuando más las necesites.

Estamos en esto juntas, tú y yo. Estamos construyendo algo hermoso con cada camisita doblada, cada pupa besada y cada historia contada.

No sabes cuánto significa para mí que les des a tus hijos todo lo que tienes cada día… incluso los días en los que, lo que tienes, no es mucho. Porque tu hij@ se dormirá junto al mí@ durante unos 50 años. Tu hij@ estará cogiendo la mano del mí@ cuando nazca nuestro primer nieto. Y cuando enfrenten los días más oscuros de sus vidas, serán tu hij@ y el mí@, enfrentándose a la batalla juntos.

Estoy segura que nuestros días más largos (esos que están llenos de tirones de pelo, desastres imposibles y rabietas), son los días en los que estamos moldeando corazones. Y algún día, uno de esos corazones que estoy ayudando a moldear se enamorará de uno de los corazones que tú estás moldeando con amor, y lo que resulte de esa sacudida… depende un poco de nosotras.

Oro para que abraces muy fuerte a tu hijo cuando se sienta triste o solo o asustado. Porque algún día, mi hija (ya mayor y con sus propios bebés) se sentirá triste o sola o asustada. Y él debe saber cómo sostenerla. Enséñale.

Y deja que tus hijas escuchen de ti palabras virtuosas, que traigan vida y esperanza. Porque algún día, mi hijo estará desgastado y cansado, y las palabras que estás colocando en la mente de tu hija hoy, se convertirán en al bálsamo para el alma de mi hijo.

Estoy esforzándome por hacer lo mismo. Y algunas veces… muchas veces… fallo. Ora por mí también.

Algún día nos sentaremos frente a un altar… muy elegantes y con montones de pañuelos en nuestra mano. Veremos a nuestros traviesos, pegajosos y dulces bebés transformarse, de alguna manera, en novios y novias, y hacer las mismas promesas que nosotras hemos mantenido… contra todo pronóstico y solo por Su gracia. Y veremos a esos niños crear sus propias familias con los ingredientes que les hemos dado. Los ingredientes que estamos deslizando en sus almas hoy.

Pero hasta entonces, estoy aquí sentada en la oscuridad con un bebé en mis brazos.

Y estoy orando por ti.

Aquí podéis leer el artículo original.