Para papá y mamá

El desafío de los 15 segundos (Cómo un pequeño beso puede hacer una gran diferencia en tu matrimonio)

Desafío 15 segundos

Esta semana quiero compartir con vosotros un artículo precioso publicado por Darlene Schacht en la web Time Warp Wife. ¡Es posible y fácil mantener en nuestros matrimonios la chispa del primer día!

No soy su hermana, ni pretendo serlo. Y aún así, hay días en los que acerco a Michael a mí y digo: “Vamos a intentarlo otra vez”.

Después de 25 años, besarnos con un piquito se ha convertido en una costumbre para nosotros. Siempre nos saludamos dándonos un cálido y largo abrazo, pero ¿un beso? Perdió su chispa en algún lugar a mediados de los 90. Antes de eso, solíamos besarnos con pasión. Nos besábamos de verdad, y nos besábamos mucho.

Besarnos se convirtió en rutina para nosotros, como muchas otras cosas en nuestra vida. Hasta que tomé este desafío.

El desafío del beso ha circulado durante años. Se han escrito libros sobre él, y la gente habla de él. ¿Por qué? Porque funciona.

Hay una historia acerca de un hombre que ha estado casado siete años. Su mujer es increíble, sus hijos son maravillosos, y las cosas les van bien. En la mayor parte, su matrimonio es bueno, pero falta algo. La pasión se ha ido y él no sabe por qué.

Un día, hablando con su padre, decide sacar el tema del matrimonio. Si había alguien que tenía un buen matrimonio, esos eran su padre y su madre. Casados durante más de 30 años, sus padres todavía se cogían de la mano cuando caminaban, y se sonreían como adolescentes enamorados.

“Papá, ¿cuál es vuestro secreto?”, preguntó. “¿Por qué vuestro matrimonio es tan fuerte, cuando tantos otros están fallando?”

El padre se quitó su reloj y se lo pasó a su hijo, quien le dio la vuelta y leyó la inscripción: “15 segundos cada día, no menos”.

“Recibí este reloj de mi padre”, dijo, “y ahora te lo doy a ti. Bésala 15 segundos cada día. No menos. Vuelve dentro de un mes y cuéntame si no ha hecho una diferencia”.

¿Pueden 15 segundos hacer una diferencia? Tenía que probarlo en mi laboratorio (mi cocina), y dio la casualidad de que mi atractivo sujeto estaba justo ahí.

Me acerqué a él por un beso, y me incliné. Él me respondió con el habitual piquito en los labios. Pero justo cuando se empezó a retirar, le tomé de la cintura, le acerqué a mí y susurré: “Vamos a probar otra vez, pero más largo”.

15 segundos es todo lo que necesité para que la pasión me bañase, recordándome lo profunda y apasionadamente enamorada que estaba de él.

¿Quién podía imaginar que ese pequeño beso podría hacer una diferencia tan grande? Aparentemente el rey Salomón lo sabía cuando escribió estas preciosas palabras:

“Bésame con besos de tu boca, porque tu amor es mejor que el vino” (Cantares 1:2)

Si quieres traer la pasión de vuelta a tu matrimonio, te animo a que tomes el desafío del beso. Besaos durante 15 segundos cada día. No pongáis un cronómetro ni empecéis a contar los segundos. Simplemente, permaneced en el momento el tiempo suficiente para un beso largo y apasionado que diga: “me casaría contigo una y otra vez”.

Aquí tenéis el artículo original.

Para papá y mamá, Reflexiones

Por qué los hijos no pueden ser lo más importante en un matrimonio. ¿O sí?

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Esta semana he leído un artículo en una conocida web que se titulaba “Esta es la razón por la que los hijos no pueden ser lo más importante en un matrimonio”, el cual podéis leer aquí. No me gusta comentar los artículos de otros autores, pero he querido hacerlo con este porque, aunque comparto totalmente la idea principal, está mezclada con otras ideas que pueden hacer mucho daño a las familias y a los niños.

Lo que el artículo quiere transmitir es que no debemos abandonar nuestro matrimonio y a nuestra pareja centrándonos únicamente en el cuidado de nuestros hijos; que es precisamente la unión fuerte entre el matrimonio la que da estabilidad a la familia. Hasta aquí estoy 100% de acuerdo. Pero para ilustrarlo, utiliza 3 ejemplos. Uno de ellos me hizo reir, pero los otros me pusieron enormemente triste.

1) Menciona la típica pegatina de ” Bebé a bordo” que los felices papás de un recién nacido ponen en el cristal trasero de su coche, y sugiere que esa pegatina existe porque los seres humanos consideramos la vida de un bebé mucho más valiosa que la del resto de personas. Es decir, que la razón por la que no ponemos un cartel de ” Adolescente a bordo” es porque amamos y valoramos más a nuestro bebé que a nuestro hijo adolescente. Realmente, la mayoría de los que ponemos esas pegatinas lo hacemos porque son muy monas, y porque estamos orgullosos de nuestro nuevo hijo y queremos que el mundo sepa que ha llegado a nuestras vidas. Y por una razón más: aunque amamos a todos nuestros hijos por igual, todos somos conscientes de que un simple golpe al coche que seguramente no afectaría a nuestro hijo mayor ni a nosotros mismos, podría hacer mucho daño a nuestro bebé. No se trata de qué vida es más valiosa, sino de cuál es más frágil.

2) También menciona la historia de una mujer llamada Ayelet Waldman que escribió un artículo en el que decía: “Yo amo a mi marido más que a mis hijos” (por el que fue duramente criticada), argumentando que gracias a eso sus hijos habían crecido en un hogar sólido y estable. Me recordó a la típica pregunta ” ¿A quién quieres más, a papá o a mamá?”, con la que nos gusta poner en aprietos a los niños, aunque a ellos no les hace ninguna gracia. Yo no amo a mi marido más. Tampoco amo a mis hijas más. Los amo de manera diferente y a todos ellos con toda la plenitud de mi corazón. Es cierto que ahora le dedico más tiempo a mi hija pequeña. Pero esto es porque es pequeña, indefensa, la traje al mundo sin preguntarle si le apetecía, y no puede sobrevivir sin mí (mi marido sí puede). Así que mi obligación como madre es protegerla y enseñarle a vivir, y eso lleva tiempo. Aunque el tiempo que mi marido y yo pasamos juntos tratamos de que sea muy especial, es inevitable dedicar más tiempo a mi hijas mientras son pequeñas.

3) Por último, el autor expresa cómo está socialmente aceptado hablar mal de cualquier persona, pero en cambio está mal visto que hablemos mal de nuestros hijos. ¡Gracias a Dios! Para empezar, no deberíamos hablar mal de nadie. Pero al menos un adulto tiene la capacidad y la autoridad para enfadarse, encararnos, pagarnos con la misma moneda o mandarnos a paseo. Pero,  ¡pobres de nuestros hijos si hacen alguna de esas cosas! Por supuesto que no podemos hablar mal de nuestros hijos. Son pequeñas personitas en formación, muchos de sus defectos de carácter los han heredado de nosotros, y están creciendo y luchando por ser cada día mejores (batalla que muchos adultos ya hemos abandonado en nuestra propia vida). Nuestra obligación como padres es ayudarles a construir una autoestima sólida basada en sus muchas cualidades y en su capacidad de vencer sus defectos. Jamás debemos arruinar su reputación hablando mal de ellos a los demás, quedando así su autoestima destruida por las personas que más quiere y más necesita.

La clave de un matrimonio de éxito y de una familia sólida y feliz no está en poner a nuestra pareja por encima de nuestros hijos, ni a nuestros hijos por encima de nuestra pareja. Dentro de la familia no puede haber prioridades. No se trata de decidir quién es más importante. Se trata de conocer o detectar las necesidades únicas de cada miembro, y satisfacerlas con todo el amor del mundo y la energía de la que disponemos (unas veces es más, y otras es menos). En la familia cada pieza es única, maravillosa, necesaria e insustituible. Somos uno, nos amamos y nos necesitamos los unos a los otros.

Si anhelamos un matrimonio y una familia sólida y feliz, no debemos crear prioridades dentro de la familia. El único secreto es convertir a la familia en la prioridad.

Para papá y mamá

5 cosas que las parejas felices hacen bien

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Para tener un hogar feliz y el mejor lugar para criar a nuestros hijos, el primer paso es tener un matrimonio de ensueño. No es fácil, pero se puede, con mucho amor, ilusión, trabajo, y dejando que Dios dirija nuestros pasos.

Os dejo un bonito artículo escrito por Matthew L. Jacobson para el blog TimeWarpWife. ¡Disfrutad!

Las cosas van bien, pero somos más como compañeros de negocio que marido y mujer.
Hacemos que las cosas funcionen, pero es como que ya casi no somos ni amigos.

La vida se puede volver rutinaria, incluso para un buen matrimonio.

Nuestras vidas aceleradas son perfectamente capaces de lanzar al abismo cada buena intención que tenemos.

Entonces nos encontramos a nosotros mismos meses (años para algunos) después, habiendo sobrevivido, pero habiendo perdido la razón por la que creíamos que hacíamos todas esas cosas en primer lugar: para amarnos uno al otro y tener una maravillosa vida juntos.

Puede sonar como un cliché, pero no lo es: Lisa es mi mejor amiga. Nos divertimos muchísimo juntos, pero ninguna pareja cae en un agujero de rutina y descubre que tiene un matrimonio fuerte.

Malcolm Gladwell escribió un libro excelente titulado “Outliers”, en el que describe el secreto del éxito de la gente “dotada”. Lo que aprendió es algo así: Realmente no están dotados; se lo trabajan.

Y ésto se aplica directamente al matrimonio.

Un matrimonio feliz puede parecer que no requiere esfuerzo, pero es porque estamos mirando la fotografía en lugar de mirar toda la película.

Cada pareja unida ha convertido su relación en una prioridad a lo largo del tiempo. No hay excepciones.

Si deseas estar más unido a tu pareja -crecer en amistad- tienes que cultivarlo. No sucederá de manera espontánea, especialmente en esta vida ajetreada.

Aquí hay algunas sugerencias que te ayudarán a volver a enfocarte en la amistad con la persona que amas:

1. Recuérdate a ti mismo tu verdadera prioridad: ¡tu pareja! Es básico, pero es vital. No trabajáis para vuestro horario. Es él quien trabaja para vosotros.

2. Escarba algo de tiempo cada día. Aparta ese tiempo, aunque solo sean 20 ó 30 minutos, para que estéis solos los dos, uno a uno, conectando. Algunas veces, Lisa y yo somplemente paseamos cogidos de la mano (¡siempre cogidos de la mano!)

3. Abre tu boca y dilo: “Me gustas”. Vale, en este momento no te sientes así, pero es porque te estás enfocando en algo equivocado. Cambia el foco. Piensa en algo que realmente te gusta de tu pareja, y coméntalo. Yo no soy diferente a los demás. Necesito que Lisa me diga que le gusto, y ella necesita escuchar lo mismo de mí. Es lo que las parejas felices hacen.

4. Regularmente haced algo que los dos disfrutéis. Lisa y yo salimos a tomar café y a pasear. Es “lo nuestro”. Suena emocionante, ¿eh? En realidad no mucho… para algunos. Es algo bastante simple . Pero con el paso de los años llegas a entender que las amistades profundas son el resultado de acumular montones de momentos sencillos juntos que los dos disfrutáis.

5. Compartid vuestra vida espiritual. ¿Te ha revelado Dios algo especial en algún texto que has leído en la Biblia recientemente? Compártelo. Orad el uno por el otro… y contaos el uno al otro que os estáis sosteniendo. Orad juntos.

Estas cosas son simples y sencillas. Y aún así, a menudo permitimos que nuestras ocupadas vidas nos alejen de las cosas que verdaderamente traen riqueza y plenitud a nuestro matrimonio. Pero nuestro horario frenético no es ni de cerca tan importante como ser el mejor amigo de la persona que amamos.

Haced lo que las parejas felices hacen: Comenzad (o volved a comenzar) a cultivar la amistad que deseáis tener con vuestra pareja.

¡Empezando ahora mismo!

Podéis leer el artículo original aquí.