Tápame mis ojos (adónde acudir cuando tengo miedo)

Tapame mis ojos

Hace unas semanas me encontraba jugando con mi sobrinita Nerea, de 3 años. Jugábamos a huir de su tío. Ella iba buscando distintos sitios para esconderse y me llamaba: “Tía Tata, men aquí” (sus padres me llaman “Tata”, así que ella me llama “tía Tata”). Al cabo de un rato, y como adulta que soy, me cansé y me senté en el sofá. Ella siguió buscando un sitio en el que esconderse. Pero al verse sola, no encontró ningún lugar en el que sentirse protegida. Después de echar un vistazo alrededor, y de evaluar sus opciones, tomó una decisión que me hizo pensar. Saltó sobre el sofá en el que yo estaba, se acurrucó junto a mí, puso mis manos delante de su cara y dijo:

-“Corre, tía Tata, tápame mis ojos.”

Tenía multitud de sitios en los que esconderse: detrás del sofá, debajo de la cama, en el cuarto de lavar, detrás de la cortina… pero ninguno de esos sitios le parecía seguro si tenía que esconderse sola. Prefirió buscar mi protección, cerrar los ojos para no ver “el peligro”, y descansar tranquila, sabiendo que yo no dejaría que su tío “la atrapase”.

Ésto me hizo pensar: “¿Dónde me refugio yo cuando tengo miedo, cuando estoy en peligro, cuando sufro,  cuando la magnitud de las decisiones a tomar supera mi capacidad para tomarlas?” Dios nos hace una propuesta para momentos como esos:

-“ Venid a Mí, todos los que estáis trabajados y cargados, y Yo os haré descansar.” (Mt 11:28)

– “Tened ánimo, Yo soy, no temáis.” (Mt 14: 27)

– “La paz os dejo, Mi paz os doy; Yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo.” (Jn 14: 27)

– “Echad toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros.” (1 Ped 5: 7)

– “Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en Él confiaré: mi escudo y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio.” (Sal 18:2)

– “Él me esconderá en Su tabernáculo en el día del mal; me ocultará en lo reservado de Su morada.” (Sal 27: 5)

Y así una larga lista de textos en los que Dios quiere transmitirnos un sencillo mensaje: “Hijo, las pruebas que estás pasando son duras. Y eres libre de pelear solo, si es lo que quieres. Pero si quieres, podemos pelear juntos. Lo único que tienes que hacer es refugiarte en Mí. Las pruebas no desaparecerán, pero serán menos dolorosas si te acurrucas a mi lado y me dejas que te tape los ojos. Así podrás verlas a través de los Míos. Y juntos podremos vencerlas.”

Y recordando esta experiencia, pensé: “¿Dónde se esconden nuestros hijos cuando tienen miedo, cuando son rechazados, cuando su corazón se rompe? ¿Cuál es el refugio de nuestros hijos? ¿Son sus amigos, su música, el deporte, sus videojuegos, su ordenador, la puerta cerrada de su habitación? ¿O es su hogar?”

Ojalá nuestro hogar sea un lugar al que nuestros hijos puedan acudir cuando sientan temor, ansiedad o soledad; en el que reinen la ternura, las risas y el amor; en el que encuentren el apoyo necesario para aprender a confiar de Dios; en el que, cuando se les pregunte por el lugar más especial en el que hayan estado, puedan responder:

  • “Mi casa”.

Precauciones para ir a la montaña con niños (o lo que una víbora me enseñó)

Precauciones montanya

En nuestra familia amamos la naturaleza. Nos encantan los animales, la playa y la montaña. La naturaleza es el mejor lugar en el que los niños pueden crecer y desarrollarse, y el más estimulante para aprender.

La peque también ama la naturaleza, y parece un cervatillo correteando y saltando cada vez que se encuentra rodeada de verde o de mar. Ahora que ya no es tan peque, hemos empezado a hacer excursiones más largas por la montaña, para que siga aprendiendo a disfrutar de la naturaleza y a protegerla. Tenemos el privilegio de vivir rodeados de espacios naturales a muy poca distancia de nuestra casa. Esto tiene una ventaja y una desventaja. La ventaja es que podemos hacer preciosas excursiones de senderismo conduciendo tan solo 5 minutos. La desventaja es que, cuando nos desplazamos cerca de casa, corremos el riesgo de confiarnos, porque total, estamos “aquí al lado”. Y olvidamos que la naturaleza es tan maravillosa como impredecible. Y debemos tomar precauciones necesarias, especialmente cuando vamos con niños.

Fui muy consciente de ello hace unas semanas, cuando la peque y yo solas fuimos a hacer una de esas excursiones al lado de nuestra casa. Decidimos inspeccionar un río que está a unos 7 minutos en coche. El depósito de gasolina estaba casi vacío, pero no me importó porque íbamos muy cerca. Así que puse en una mochila una botella de agua, una toalla pequeña y el móvil, y nos pusimos en marcha. Mientras caminábamos por el pequeño sendero rumbo al río, mi hija iba jugando y saltando feliz. Comenzó a caminar hacia atrás mientras me hablaba. Y entonces vi 2 pasos detrás de ella lo que yo creí que era una culebra. Instintivamente le grité que se parase, y sorprendentemente y sin que sirva de precedente, ella se paró en seco por primera vez en su vida.

Decidimos aprovechar el regalo que nos había hecho la naturaleza, y observar a la culebra, cómo se desplazaba, hablar de los reptiles… Y en ese momento me di cuenta de que no era una culebra; era una víbora. Y mi hija había estado a 2 pasos de pisarla.

Tras observarla unos minutos y hacer algunas fotos, seguimos nuestro camino. Pero yo no podía dejar de pensar en lo que podía haber pasado si la llega a pisar, y en la cantidad de temeridades que yo había cometido: no llevaba ningún tipo de material sanitario para emergencias, no tenía trazada una ruta mental hasta el hospital más cercano (en momentos de tensión es difícil tomar este tipo de decisiones si no están planificadas con anterioridad), no tenía gasolina en el depósito… Porque, claro, estábamos “ahí al lado”, y perdemos la sensación de peligro cuando estamos cerca de casa.

Esa misma noche hice una pequeña investigación sobre las precauciones básicas que debemos tener SIEMPRE que vayamos a la montaña con niños. Y aquí las comparto con vosotros:

  • Planificar la ruta con antelación, y tener a alguien al tanto de dónde vamos a estar y cuánto esperamos tardar.

  • Llevar el móvil totalmente cargado, y si es posible, movernos por zonas con cobertura.

  • Tener trazada mentalmente el camino que realizaremos hasta el centro de urgencias más cercano en caso de necesidad.

  • Tener el depósito de gasolina del coche lo bastante lleno para realizar un desplazamiento de emergencia a un hospital lejano.

  • Llevar ropa y calzado adecuados (aunque haga calor).

  • Caminar usando un palo, especialmente cuando caminemos por zonas en las que no veamos el suelo.

  • Llevar en la mochila un pequeño botiquín que contenga al menos:

    • Antiséptico.

    • Ibuprofeno.

    • Gasas y vendas.

    • Repelente de insectos.

    • Lápiz de amoniaco para las picaduras.

    • Colirio para los ojos en caso de irritación.

    • Medicación personal si alguien la necesita.

    • Pinzas

    • Suero fisiológico.

    • Una hoja de bisturí.

¿Qué debemos hacer en caso de que se produzca una picadura de víbora?

  1. Restringir el movimiento de la zona mordida y mantenerla por debajo del nivel del corazón.
  2. No cortar ni succionar. Tampoco aplicar frío.
  3. Realizar un vendaje compresivo o un torniquete suave.
  4. Ir rápidamente al centro de urgencias más cercano. Si hemos podido identificar la víbora, mejor. Pero no debemos ponernos en riesgo acercándonos demasiado con el fin de identificarla.

¿Y qué hacemos si somos atacados por un enjambre de abejas?

  1. Cubrirnos el rostro y cerrar la boca.
  2. Coger a los niños en brazos y correr.
  3. Buscar refugio. Puede ser el coche, una casa cercana, un lugar oscuro, cubrirnos con algo… Lo que se nos ocurra y tengamos a mano.
  4. Las abejas pararán el ataque cuando no tengan sensación de peligro.
  5. Una vez se hayan parchado, hay que retirar los aguijones con cuidado para sacar también el saquito de veneno.
  6. Aplicar frío sobre las picaduras.
  7. Si son muchas o el ataque lo ha recibido un niño, realizar un chequeo médico cuanto antes.

Para poder disfrutar de la naturaleza con seguridad, es imprescindible que enseñemos a los niños a observarla y moverse en ella. Deben aprender cómo caminar, cuándo correr y cuándo no, dónde pisar y dónde no, qué pueden golpear y qué no deben golpear…

 

¡Y ahora sí, ya estamos listas para nuestra próxima excursión! 😉

¿Viven los niños homeschoolers en una burbuja?

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Esa es posiblemente la principal crítica que reciben las familias homeschoolers. Que los niños crecen en una burbuja, en una especie de “realidad paralela” que no tiene parecido con el mundo real.

¿Será cierto eso?

Para poder responder a esta pregunta necesitamos analizar cómo es la infancia de un niño homeschooler:

Los niños que aprenden en familia generalmente pasan sus primeros años sin seguir horarios fijos ni una rutina establecida ni estricta. Sus ritmos biológicos marcan a qué hora se levantan y a qué hora se acuestan. Y dedican la mayor parte del día a jugar.

No tienen estrés, prisas ni plazos de entrega.

Aprenden a su propio ritmo, y dedican la mayor parte de sus esfuerzos y de su tiempo a investigar y aprender sobre las cosas que más les gustan.

No realizan exámenes ni pruebas estandarizadas. No miden sus progresos ni su aprendizaje a través de un número. No comparan su trabajo ni su rendimiento con el trabajo y el rendimiento de los demás, y nadie se compara con ellos. No son penalizados por los errores que cometen, y tienen infinitas posibilidades para intentar algo hasta que consiguen hacerlo bien.

Los estudios no son el centro de su vida ni de su tiempo. Son una parte más, junto con la colaboración en las tareas de la casa, la ayuda a los demás, y el juego, toneladas de tiempo para jugar.

Están rodeados de amistades positivas. No sufren discriminación ni son rechazados por realizar su trabajo peor que los demás o mejor que los demás. Suelen tener un adulto cerca al que recurrir como mediador cuando no pueden resolver sus conflictos. No tienen la menor idea de lo que es el bullying.

Disponen de mucho tiempo libre, a veces hasta el aburrimiento. Aburrimiento que muchas veces termina generando una genialidad. Otras veces, alguna que otra trastada.

Pasan en familia cantidades ingentes de tiempo, creando lazos que durarán toda la vida. El entorno en el que son amados incondicionalmente y el entorno en el que aprenden se fusionan en uno solo, de manera que crecen sabiéndose amados a pesar de su conducta o de su rendimiento.

 

Así que, después de analizar lo anterior, no me queda más remedio que admitir que sí; los niños homeschoolers efectivamente pasan su infancia en una burbuja.

Pero la pregunta realmente importante es: ¿es malo que los niños pasen su infancia en una burbuja? ¿Les perjudica o les dificulta su adaptación al “mundo real” en su vida adulta?

O tal vez… tal vez sea todo lo contrario.

Porque, ¿cómo les afecta el hecho de pasar su infancia en una burbuja?

Para empezar, el que durante sus primeros años de vida sus ritmos biológicos sean respetados y no sufran ningún tipo de estrés ni ansiedad fortalece su sistema nervioso y su sistema inmunológico hasta niveles que aun se están estudiando. El cortisol (la hormona del estrés), necesaria en dosis bajas pero destructora del sistema nervioso en dosis altas, no debería aparecer en la vida del niño hasta que su sistema nervioso esté lo bastante desarrollado y fortalecido para hacerle frente. Por lo tanto, un niño que no ha sufrido subidas de cortisol durante su infancia tendrá más posibilidades de convertirse en un adulto más estable y fuerte psicológica y emocionalmente.

El no estar sometidos a exámenes ni pruebas estandarizadas, el no asociar su valor a un número, el no ser comparados con otros niños… hace que su autoestima crezca fuerte y saludable en unos años que son vitales para ello. No asocian su autoconcepto a su rendimiento escolar. Cuidar y proteger la autoestima de nuestros hijos es una de nuestras principales responsabilidades, ya que, lo que lograrán en la vida no depende de lo que aprendan en el colegio, sino de lo que se crean capaces de conseguir.

No tienen miedo a equivocarse, porque nunca se les ha penalizado por ello. Saben que equivocarse forma parte del aprendizaje, y no les frustra tratar de hacer algo una y otra vez hasta dominarlo. Por la misma razón, que otra persona se equivoque no es motivo de burla o desprecio.

La falta de competitividad hace que no sientan la necesidad de ser mejores que los demás, sino que buscan ser la mejor versión de sí mismos. Aprenden a sentir satisfacción por el trabajo bien hecho. El éxito ajeno no es una amenaza para ellos, por lo que desarrollan una mayor capacidad de empatía, de solidaridad y de ayuda a los demás.

Tienen el tiempo y la ocasión para estar en profundo contacto consigo mismos, para conocerse y descubrir qué les gusta y se les da bien: sus dones. Y para desarrollarlos. De esta manera, en muchas ocasiones desarrollan vocaciones tempranas, saben muy bien lo que quieren y aprenden a luchar por ello. Su aprendizaje está cargado de emoción, que es el pilar básico del mismo (como la neurociencia está demostrando en estos tiempos).

Al haber crecido en ambientes muy diversos, rodeados de personas distintas y con obligaciones muy variadas, desarrollan un gran sentido de la responsabilidad.

La enorme cantidad de tiempo del que disponen para jugar y para aburrirse los hace enormemente creativos.

Sus relaciones sociales son saludables. La discriminación o el rechazo no forman parte de sus opciones; ni para ejercerlos, ni para sufrirlos. No contemplan la posibilidad de ser crueles con los demás, porque no han crecido en un entorno en el que eso ocurra, en el que el abusador sea el líder del grupo. Y tampoco están dispuestos a dejarse someter, porque su autoestima saludable no se lo permite. En su edad adulta muy probablemente se rodearán de sanas compañías y se levantarán en defensa del débil.

Aunque es básico que los niños tengan la ocasión y la oportunidad de resolver sus conflictos sin necesidad de que medien los adultos, es algo muy positivo que casi siempre haya uno cerca observando lo que sucede. Especialmente en la etapa de infantil y primaria, pretender que los niños están capacitados para resolver sus conflictos es una utopía. No disponen de todas las herramientas sociales ni psicológicas que necesitan. Aún están desarrollándolas (¡son niños!). Por eso es básico que un adulto esté presente en todo momento para impedir que un niño sufra, no solo un daño físico (que es cuando los adultos solemos intervenir), sino también, y lo que es más importante, un daño emocional o un ataque a su autoestima que puede dejarle secuelas de por vida. Los niños pequeños se están formando una idea de quiénes son y cuál es su valía a través de su interacción con el medio y las personas que les rodean, y como dijimos anteriormente, su autoestima es uno de sus bienes más preciados, y debe ser protegida a toda costa.

Los fuertes lazos creados con su familia son un escudo durante la adolescencia. Podrán pasar sus crisis, como cualquier adolescente. Pero no se sentirán aislados ni incomprendidos. Tendrán el recuerdo de ese dulce refugio al que pueden acudir siempre que lo deseen.  Porque habrán experimentado aceptación y amor incondicional cada minuto de cada día durante su infancia.

Y ese recuerdo les durará toda la vida.

 

El homeschooling no es garantía de que los niños se convertirán en adultos sanos, emocionalmente estables, con autoestima saludable, responsables, trabajadores, respetuosos y solidarios. Pero sin duda les estaremos proporcionando muchas más herramientas para que lo consigan.

Y no, no nos preocupemos, no es una burbuja hermética. A pesar de ella, los niños conocen el “mundo real”. Tienen primos, amigos, salen a la calle, se relacionan con todo tipo de gente, ven a sus padres salir a trabajar, participan en competiciones deportivas (donde a veces ganan y a veces pierden), miran la televisión… Aprenderán que existen los exámenes de acceso a la universidad, las notas de corte, las entrevistas de trabajo, los plazos de entrega, los despertadores… Y cuando llegue el momento de enfrentarse a todo ello, estarán preparados.

Así que, podemos decir con orgullo que nuestros hijos están creciendo en una burbuja. Una bendita burbuja que desearía que todos los niños del mundo pudieran experimentar.

¿Por qué hacemos lo que hacemos? (Una reflexión sobre el homeschooling y la paternidad entregada)

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Años atrás, cuando supimos que nuestra hija pequeña sería una niña, no hubo necesidad de pensar un nombre para ella, porque su papá llevaba enamorado de un nombre desde mucho antes de que ella existiera. Pero yo quise averiguar si su nombre tenía algún significado especial. Descubrimos que tenía, no uno, sino tres significados. Los dos primeros, muy tiernos: Doncella de Dios y Prenda de Felicidad. Pero el tercero nos llamó la atención: Flecha Fuerte (o La que Vence en las Batallas). Aunque al no ser tan tierno, le dimos menos importancia; casi se nos olvidó.

Hasta hace unos meses.

Hace un tiempo, estaba navegando por uno de los blogs de educación cristiana que me gusta seguir. Habían lanzado una especie de marca comercial que se llamaba “Criando Flechas” (Raising Arrows), basada en el texto de Salmos 127: 3, 4: “He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre. Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud”.

Y de repente, el nombre de nuestra pequeña cobró un significado especial.

¿Por qué hacemos lo que hacemos? ¿Por qué dedicamos nuestra vida entera, muchas veces en exclusiva, a la crianza y la educación de nuestros hijos? ¿Por qué renunciamos a una gran parte, o en ocasiones, a toda nuestra vida profesional? ¿Por qué reorganizamos nuestra vida social? ¿Por qué dedicamos los días a realizar todo tipo de actividades, y las noches a prepararlas? ¿Por qué nos exponemos a la incomprensión social y a tener problemas legales?

¿Lo hacemos para liberar a nuestros hijos de un estrés prematuro e innecesario? Por supuesto que sí. ¿Para darles la oportunidad de que se desarrollen y aprendan a su ritmo? Claro. ¿Para que tengan tiempo de descubrir y desarrollar sus talentos? También.

Pero sobre todo, lo hacemos por una razón superior, mucho más profunda: porque nuestro mayor anhelo es que nazca en su corazón un amor profundo por Dios y por sus semejantes. Deseamos educarlos para el Reino. Deseamos que se despierten cada día de su vida con un anhelo profundo de Dios. Que hagan de Jesús su mejor amigo, consejero y guía. Que tengan un corazón sensible al sufrimiento y a la necesidad ajena. Que sueñen con encontrar la manera de mejorar las vidas que se crucen en su camino. Que sean capaces de defender sus principios, la verdad y la justicia por encima de todo.

Deseamos que sean grandes vencedores, flechas fuertes que lleven luz a un mundo que está en tinieblas.

Parafraseando a una gran educadora, soñamos con que nuestros hijos se conviertan en personas así, porque son las personas que bendicen al mundo con su existencia:

“La mayor necesidad del mundo es la de personas que no se vendan ni se compren; personas que sean sinceros y honrados en lo más íntimo de sus almas; personas que no teman dar al pecado el nombre que le corresponde; personas cuya conciencia sea tan leal al deber como la brújula al polo; personas que se mantengan de parte de la justicia aunque se desplomen los cielos.”

Y para eso necesitamos pasar cantidades ingentes de tiempo con ellos; enseñarles a ver a Dios en los pequeños detalles de la creación y en sus grandes maravillas, en contacto con la naturaleza; enseñarles a priorizar, a distinguir entre lo que es importante y lo que es imprescindible; enseñarles a disfrutar de los pequeños placeres de la vida; a valorar el trabajo bien hecho; proporcionarles oportunidades de ayudar a los demás; enseñarles a disfrutar de la compañía y la presencia de Dios.

Por eso hacemos lo que hacemos.

No es una tarea fácil. Pero tenemos a nuestro lado al Maestro de los Maestros, que tiene el mismo anhelo que nosotros, y que Su mayor sueño es abrazar a nuestros pequeños en Su Reino cuando llegue el momento.

Libros imprescindibles: “Pequeños Pasos”

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Hoy quiero presentaros un libro muy especial, de esos que son imprescindibles: “Pequeños Pasos”, escrito por una mamá increible y maravillosa amiga: Paloma Estorch.

En él, nos cuenta de una manera muy cercana y tierna sus experiencias como mamá homeschooler de 5 tesoros. Nos habla de educación, de lactancia, de colecho, de crianza con apego, de la pérdida de sus 2 angelitos… y de cómo vive ella todas esas experiencias. Vivencias con las que muchos de nosotros nos sentimos muy identificados. Pone en preciosas palabras muchos de nuestros sentimientos, miedos, frustraciones y alegrías.

Un libro altamente recomedable. Para ti, padre o madre homeschooler que educas a tus hijos en tu hogar. Y para ti también padre o madre que llevas a tus hijos a la escuela. Porque unos y otros tenemos mucho en común en la crianza, educación y amor por nuestros hijos.

¡No os lo perdáis!

Podéis comprarlo en Amazon aquí

También puedes seguir el blog de Paloma: Paideia en Familia.

Organizador de actividades DIY

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Hoy os muestro de qué forma tan sencilla podemos hacer un organizador de actividades personalizado para los niños.

Este organizador sirve tanto para organizar actividades (de aprendizaje, solidarias o de colaboración…) como tareas en casa (hacer la cama, limpiar el polvo, poner el lavavajillas…); y se puede utilizar en todas las edades.

Nosotros lo utilizamos para las actividades de aprendizaje. En nuestro organizador hay dos columnas. En la primera están las actividades que mi hija debe hacer a lo largo de la mañana. Ella decide por dónde empieza y cuándo quiere hacerlas, pero sabe que a lo largo de la mañana deben estar hechas. Y en la segunda colocamos esas actividades cuando ya las ha realizado.

Aunque para nosotros aprender sigue siendo un juego, es importante que, según van creciendo, los niños sean conscientes de que hay ciertas actividades que debe realizar a lo largo del día, que tiene ciertas responsabilidades. Así, potenciamos varias habilidades o cualidades positivas:

  • Los niños son conscientes de su propio aprendizaje y empiezan a desarrollar responsabilidad respecto a él.
  • Aprenden a gestionar su tiempo.
  • Reciben refuerzo positivo al “marcar” como realizadas las actividades o tareas terminadas. Así descubren la satisfacción del trabajo bien hecho por el mero hecho de hacerlo, sin necesidad de premios ni “chantajes.

Hay mil formas de hacer un organizador de tareas; solo hay que dejar volar la imaginación. Nosotras lo hicimos de esta manera tan sencilla:

MATERIALES:

  • Tablón de anuncios de corcho.
  • Goma EVA blanca con purpurina.
  • Hojas de scrapbook.
  • Cordón.
  • Chinchetas
  • Pinzas pequeñas de manualidades.
  1. Para personalizar el organizador, hacemos una guirnalda de banderines con el nombre del niño. Cortamos banderines pequeñitos de papel de scrapbook; un banderín para cada letra. Recortamos las letras de su nombre en goma EVA y pegamos una letra en cada banderín.dscn8183

  2. Pegamos los banderines en el cordón formando el nombre del niño. Y pegamos la guirnalda en la parte de arriba del tablón. dscn8182

  3. Escribimos o imprimimos 2 pequeños carteles para las dos columnas: uno que diga “Para hacer” y otro que diga “Hecho”.

  4. Cortamos trozos de cordón y los clavamos en el tablón como si fuesen pequeñas cuerdas de tender ropa. Formamos 2 columnas con ellos.  Colocamos pinzas en los cordones.   dscn8190dscn8192

  5. La columna “Para hacer” es más ancha, porque de esa manera tenemos la posibilidad de proponer 2 actividades para que el niño elija 1.

  6. El organizador ya está terminado.    dscn8177dscn8199

  7. Solo queda colocar tarjetas con las actividades propuestas. Si el niño todavía no lee, usaremos dibujos o fotografías. Si ya lee, podemos poner el nombre de la actividad. dscn8202

¡Listo! Ya solo nos queda crecer disfrutando del trabajo bien hecho.

Gestionando la melancolía de la paternidad

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Acabamos de despedir un año más, y de recibir un nuevo año en blanco, listo para estrenar. Seguramente el año que se ha marchado estuvo lleno de actividad, de experiencias, de risas, de aprendizajes, de buenos momentos… Pero también ha tenido momentos de dolor, de tristeza, de ansiedad, de decepción y melancolía.

Solemos poner muchas expectativas en el año que está por llegar, pero la realidad es que muy probablemente será muy parecido al anterior. Eso significa que viviremos momentos maravillosos, disfrutaremos con nuestros hijos, aprenderemos algo nuevo, tal vez hagamos algún viaje inolvidable… y un sinfín de experiencias que harán que el camino valga la pena.

Pero también significa que, seguramente, continuaremos viviendo en el mismo lugar, trabajando en el mismo sitio, y llevando adelante la misma rutina diaria. Una rutina que, en el caso de las madres y los padres, puede llegar a ser realmente agotadora. Físicamente, pero también, emocionalmente.

A lo largo del nuevo año experimentaremos conflictos familiares, rabietas de nuestros pequeños, discusiones con nuestros mayores. Nos sentiremos agotados por la falta de sueño prolongado. Habrá momentos en los que disfrutaremos jugando con nuestros hijos; pero habrá momentos en los que echaremos en falta los momentos de soledad que disfrutábamos antes. Habrá días en que seremos pacientes y sonrientes, y nuestra paternidad será maravillosa; pero otros días estaremos cansados y frustrados, y la paciencia se escapará por la ventana. Habrá días en que pasaremos por alto el desorden en la casa; pero otros días ese desorden nos sacará de quicio.  Habrá días en los que haremos un montón de cosas, y días en los que no conseguiremos hacer nada de lo que planificamos.

La rutina puede ser especialmente dura para las madres y los padres homeschoolers, debido a que cada día se parece enormemente al anterior, nos falta contacto con otros adultos, cargamos el peso del progreso académico de nuestros hijos sobre nuestros hombros, sufrimos la incomprensión de la sociedad…

Habrá días en los que nos sentiremos enormemente bendecidos por tener el privilegio de dedicar nuestra vida a criar y cuidar a nuestros pequeños.

Pero otros días… Otros días estaremos cansados, frustrados, enfermos, y nuestra tarea será difícil de llevar. Recordaremos todos los sueños que teníamos tiempo atrás, todo lo que queríamos hacer, los lugares que queríamos visitar, los logros que íbamos a conquistar… Y no nos reconoceremos a nosotros mismos en medio de nuestra rutina.

Y la melancolía se apoderará de nosotros.

Muchas veces, esa frustración y melancolía puede ser aliviada mediante acciones sencillas. El blog Everyday Small Things ha elaborado aquí  una lista de 10 preguntas que nos llevan a esas pequeñas acciones que nos pueden ayudar en momentos difíciles. Las he adaptado de forma que sean realmente útiles para mí, y espero que también lo sean para vosotros:

  1. ¿Estás hidratad@? Si no, bebe un vaso de agua
  2. ¿Estás vestid@? Si no, ponte algo de ropa limpia que no sea un pijama. Date permiso para llevar algo especial, ya sea una camiseta divertida o un vestido bonito. La mayoría de las manchas se pueden quitar, así que ¡disfruta llevando esa ropa con los niños!
  3. ¿Has comido algo en las últimas 3 horas? Si no, come algo –con proteínas, no solo carbohidratos. Tal vez unas nueces o un poco de humus.
  4. ¿Te has duchado en las últimas 24 horas? Si no, date una ducha ahora mismo. Si tienes bebés, ponlos en una hamaca al lado de la ducha. Y si tienes niños pequeños, dales unos bloques de construcción o algunos libros.
  5. ¿Has conectado con algún amigo hoy? Hazlo, online o en persona. Llama, escribe, envía un mensaje, personaliza una tarjeta… Planificad un encuentro para otro día esta misma
  6. ¿Has achuchado a tus hijos hoy? Deja lo que estás haciendo y acurrúcate con tu hijo en el sofá o en vuestro sillón favorito. Si a tu hijo no le gusta que le achuchen, coged un libro para leer juntos, o sencillamente, siéntate a jugar con él un rato. A menudo estamos tan ocupados con las cosas de la casa, que olvidamos bajar el ritmo con nuestros hijos.
  7. ¿Te sientes inefectiv@? Haz una pausa y termina una tarea pequeña, ya sea llenar el lavavajillas, responder un email o limpiar la encimera. ¡Buen trabajo!
  8. ¿Has dedicado tiempo para ti en las últimas 24 horas? Recuerda que es importante que dediques tiempo cada día para ti, para relajarte y hacer algo que te gusta (leer un libro, ver una película, pintar, hacer deporte, escribir…). Cuando los niños se acuesten, no te dediques a organizar la casa. Eso puede esperar. Dedícate a ti.
  9. ¿Has pasado tiempo de calidad con tu pareja en las últimas 24 horas? Si no, hazlo. Es muy importante que las parejas reserven al menos 20 minutos al día para hablar, contarse cómo ha ido el día, soñar… Simplemente disfrutar de estar juntos.
  10. ¿Has leído la Biblia hoy? La Biblia es la fuente número 1 de ánimo y sabiduría. Proporciona palabras que pueden sostenernos en tiempos de dificultad.

Afortunadamente, los momentos de melancolía y las ganas de rendirse son minoría en el viaje de la paternidad. Pero cuando llegan, son dolorosos. Y por eso es necesario recordar que tenemos que cuidar de nosotros mismos, que tenemos una tribu en la que apoyarnos, y sobre todo, que tenemos un Dios que nos acompaña en ese viaje y que está deseando darnos de Su fuerza cuando la necesitemos.

“Los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.” (Isaías 40: 31)