Árbol de la Gratitud para Thanksgiving DIY

Arbol gratitud

Thanksgiving está a la vuelta de la esquina, y para mí es una de las fiestas más bonitas del año. Dedicar un día a agradecer a Dios y a nuestros seres queridos todo lo que hacen por nosotros nos hace crecer, ser conscientes de nuestras muchas bendiciones, nos une como familia y a Dios.

Es bueno que cada familia cree sus propias tradiciones, que es una de las mejores formas de fortalecer lazos, crear un sentimiento de pertenencia y formar recuerdos que duran toda la vida.

Os propongo una manualidad y actividad que podemos hacer con materiales económicos y reciclados, y en el que puede participar toda la familia. Incluye una pequeña excursión al campo para conseguir algunos de los materiales. Se llama “Árbol de la Gratitud”. Aquí tenéis las instrucciones.

MATERIALES:

  • Botella de plástico vacía.
  • Cartulinas de colores de Otoño (roja, naranja, amarilla).
  • Lápiz.
  • Tijeras.
  • Cola o pegamento.
  • Arena o tierra.
  • Pequeña rama de árbol.
  • Lazos, cordones o cualquier cosa que sirva para decorar.

PASOS:

  • Cortamos la base de una botella de plástico pata hacer una “maceta”.

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  • Rellenamos la botella con arena o tierra que habremos recogido en nuestro paseo.

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  • Forramos la botella/maceta con cartulina de algún color otoñal que nos guste. Nosotras escogimos rojo.

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  • Escogemos algunas ramas que habremos recogido en nuestro paseo, de manera que puedan formar una especie de arbolito otoñal en miniatura.

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  • Colocamos las ramas en la maceta.

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  • Decoramos a nuestro gusto la maceta y el arbolito, con cintas, cordones, pegatinas… lo que queramos.

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  • Nuestro arbolito otoñal está listo. Nos queda preparar las hojas.

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  • Dibujamos o imprimimos una hoja que nos sirva de plantilla.

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  • Dibujamos y recortamos hojas en las cartulinas de colores.

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  • Y ya tenemos todo preparado.

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Lo ideal es preparar esta actividad varias semanas antes de Thanksgiving. Podemos colocar nuestro arbolito junto con las hojas de cartulina en algún lugar de la casa accesible para todos. Durante esas semanas, los miembros de la familia irán escribiendo en las hojas motivos por los que están agradecidos, y colgarán las hojas en las ramas del árbol. Poco a poco el arbolito se irá llenando de hojas de colores. El día de Thanksgiving, siguiendo la tradición que más nos guste, leeremos lo que hemos escrito en las hojitas a agradeceremos a Dios por todo ello.

¡Feliz Thanksgiving!

 

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Tápame mis ojos (adónde acudir cuando tengo miedo)

Tapame mis ojos

Hace unas semanas me encontraba jugando con mi sobrinita Nerea, de 3 años. Jugábamos a huir de su tío. Ella iba buscando distintos sitios para esconderse y me llamaba: “Tía Tata, men aquí” (sus padres me llaman “Tata”, así que ella me llama “tía Tata”). Al cabo de un rato, y como adulta que soy, me cansé y me senté en el sofá. Ella siguió buscando un sitio en el que esconderse. Pero al verse sola, no encontró ningún lugar en el que sentirse protegida. Después de echar un vistazo alrededor, y de evaluar sus opciones, tomó una decisión que me hizo pensar. Saltó sobre el sofá en el que yo estaba, se acurrucó junto a mí, puso mis manos delante de su cara y dijo:

-“Corre, tía Tata, tápame mis ojos.”

Tenía multitud de sitios en los que esconderse: detrás del sofá, debajo de la cama, en el cuarto de lavar, detrás de la cortina… pero ninguno de esos sitios le parecía seguro si tenía que esconderse sola. Prefirió buscar mi protección, cerrar los ojos para no ver “el peligro”, y descansar tranquila, sabiendo que yo no dejaría que su tío “la atrapase”.

Ésto me hizo pensar: “¿Dónde me refugio yo cuando tengo miedo, cuando estoy en peligro, cuando sufro,  cuando la magnitud de las decisiones a tomar supera mi capacidad para tomarlas?” Dios nos hace una propuesta para momentos como esos:

-“ Venid a Mí, todos los que estáis trabajados y cargados, y Yo os haré descansar.” (Mt 11:28)

– “Tened ánimo, Yo soy, no temáis.” (Mt 14: 27)

– “La paz os dejo, Mi paz os doy; Yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo.” (Jn 14: 27)

– “Echad toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros.” (1 Ped 5: 7)

– “Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en Él confiaré: mi escudo y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio.” (Sal 18:2)

– “Él me esconderá en Su tabernáculo en el día del mal; me ocultará en lo reservado de Su morada.” (Sal 27: 5)

Y así una larga lista de textos en los que Dios quiere transmitirnos un sencillo mensaje: “Hijo, las pruebas que estás pasando son duras. Y eres libre de pelear solo, si es lo que quieres. Pero si quieres, podemos pelear juntos. Lo único que tienes que hacer es refugiarte en Mí. Las pruebas no desaparecerán, pero serán menos dolorosas si te acurrucas a mi lado y me dejas que te tape los ojos. Así podrás verlas a través de los Míos. Y juntos podremos vencerlas.”

Y recordando esta experiencia, pensé: “¿Dónde se esconden nuestros hijos cuando tienen miedo, cuando son rechazados, cuando su corazón se rompe? ¿Cuál es el refugio de nuestros hijos? ¿Son sus amigos, su música, el deporte, sus videojuegos, su ordenador, la puerta cerrada de su habitación? ¿O es su hogar?”

Ojalá nuestro hogar sea un lugar al que nuestros hijos puedan acudir cuando sientan temor, ansiedad o soledad; en el que reinen la ternura, las risas y el amor; en el que encuentren el apoyo necesario para aprender a confiar de Dios; en el que, cuando se les pregunte por el lugar más especial en el que hayan estado, puedan responder:

  • “Mi casa”.