Los niños no necesitan tiempo en cantidad; necesitan tiempo de calidad… y otras mentiras

Photo credit: ~PhotograTree~ via photopin cc

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¿Cuántas veces hemos escuchado esta frase? La hemos oído salir de labios de familiares, amigos, psicólogos, educadores y médicos. La hemos leído en libros de educación y revistas. La hemos escuchado en programas de televisión. La hemos oído tanto que ya forma parte de nuestra cultura social.

Pero, ¿es cierta esa afirmación?¿Cuál es su base científica? ¿Qué estudios sociológicos la apoyan? Ninguno. No hay. No hay ninguna prueba que demuestre que nuestros hijos son igual de felices cuando les dedicamos solo un poco de nuestro tiempo y nuestra atención, siempre y cuando sea de calidad.

Antiguamente los niños nunca estaban solos. Las familias vivían juntas en grandes casas familiares, con los abuelos, los tíos, los primos… Y siempre había alguien acompañando a los niños. Entonces llegó la Revolución Industrial, y con ella, el progreso económico. Pero junto al progreso llegaron grandes cambios para las familias. Los padres se mudaron con sus hijos a pequeños apartamentos en la ciudad para poder ir a trabajar, y se disolvió la familia extensa. Las nuevas demandas económicas hicieron que los dos padres tuviesen la necesidad de trabajar. Creamos el sistema actual de educación obligatoria y guarderías para dejar a los niños mientras los padres trabajaban. Y a partir de ahí, en un esfuerzo por mitigar los sentimientos de culpa de los padres, y en especial, de las madres, los médicos y psicólogos empezaron a crear nuevas teorías. Tranquilizadoras, pero falsas:

  • Es bueno dejar llorar a los bebés, para que no se malcríen, y de paso, fortalezcan sus pulmones.
  • Los niños necesitan ir a la guardería desde edades tempranas, para socializarse.
  • No importa si no tenemos mucho tiempo para estar con nuestros hijos. Ellos no necesitan cantidad; necesitan calidad.

No quiero que se me malinterprete. No se trata de que los padres nos creemos sentimientos de culpa. Soy consciente del mundo y de la sociedad en que vivimos; de que para muchas familias, tener dos trabajos no es un lujo ni un capricho, sino una necesidad; de que la mayoría de padres se marchan de la guardería con el corazón en un puño; que la mayoría de padres no conseguimos dar a nuestros hijos todo el tiempo que nos gustaría. Pero la solución no es engañarnos.

Necesitamos saber cuáles son las verdaderas necesidades de nuestros hijos, para poder satisfacerlas lo mejor que podamos según nuestras posibilidades.

Y la realidad es que nuestros hijos nos necesitan. Nos necesitan mucho. Con calidad y en cantidad. Necesitan estar con nosotros, jugar con nosotros, comer con nosotros, estudiar con nosotros. Necesitan nuestra atención completa durante el mayor tiempo posible, especialmente durante los primeros años de vida. En palabras de la educadora Kay Kuzma:

“La manera de deletrear amor en los primeros siete años es T-I-E-M-P-O”.

Pero como hemos visto que no es tan sencillo como nos gustaría, estas son algunas ideas para que nuestros hijos sientan que son lo más importante de nuestra vida, a pesar del ritmo trepidante en el que vivimos.

Cuando estemos con ellos:

  • Dejar el móvil abandonado, fuera de la vista. Los niños perciben desde muy pequeños que el móvil les roba la atención de sus padres.
  • Tratar de dedicarles toda la atención exclusiva que nos sea posible. Dejar los trabajos no urgentes para más adelante. Bajar nuestra exigencia en cuanto a la limpieza de la casa.
  • Cuando nos levantamos por la mañana, dedicarles a ellos los primeros momentos. Jugar, cantar, retozar en la cama, preparar un buen desayuno… Las tareas de la casa pueden esperar.
  • Convertir los ratos rutinarios de atenderlos (vestirlos, bañarlos, darles de comer) en una fiesta, mediante juegos, cantos y risas.
  • Jugar con ellos. Tumbarnos en el suelo, disfrazarnos, disfrutar de la “merienda” que nos preparan, ir a pasear, leer una historia… Disfrutar con ellos.

Cuando tengamos que dejarlos con otra persona:

  •  Dejarlos con alguien de confianza que sepamos que los van a tratar como lo haríamos nosotros.
  • No dejarlos y desaparecer a escondidas. Explicarles dónde vamos y por qué no los podemos llevar, decirles con quién van a estar y todas las cosas divertidas que podrán hacer, y decirles cuándo vamos a volver. Ser puntuales a la hora de regresar.

Y cuando estemos con ellos, pero no podamos darles atención exclusiva:

  •  Si es posible, involucrarles en nuestra tarea: pueden ayudarnos a preparar la comida, limpiar el polvo o arreglar el jardín. Les divierte y se sienten útiles.
  • Si no nos pueden ayudar, preparar un lugar en el que puedan jugar junto a nosotros. Podemos tener una pequeña mesa de su tamaño o una alfombrita, y ponerla en la habitación en la que estemos.
  • Mirarlos y sonreírles de vez en cuando. Acariciarles cuando pasemos por su lado.
  • Hacer comentarios sobre lo que están haciendo (“Estás pintando una mariposa”). No se trata de alabar todo lo que hacen, sino de mostrar que estamos pendientes de ellos.
  • Cantar juntos mientras hacemos nuestras tareas.
  • Si se ponen nerviosos, dejar lo que estamos haciendo y dedicarles un ratito a ellos. Pretender que un niño pequeño se entretenga solo mucho tiempo es casi imposible. Pero la mayoría estará dispuesto a jugar solo un ratito más después de tener un poco de atención de papá y mamá.

El tiempo que tenemos con ellos es un tesoro que el estrés cotidiano intenta robarnos. En nuestra mano está no permitírselo.

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